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Blog de Moda Masculina Clásica
Style in a Classic Way
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    Una vez cerrado el diseño de la chaqueta empezamos a hacer prueba con diferentes tipos de telas “baratas” para después de dar con el modelo definitivo pasar a confeccionarla con las telas y materiales finales.

    Como digo, antes de confeccionar esta chaqueta, se hicieron varias pruebas, concretamente se confeccionaron cuatro chaquetas finales antes de dar con la definitiva. Todas estas chaquetas se cosieron pensando que su hechura y detalles serían los definitivos. No obstante, tras verlas en el maniquí siempre había algo que podía mejorarse. La forma de los bolsillos, la trabilla trasera, el rombo del forro etc. Todos estos cambios hicieron ponernos de acuerdo en definir primero su aspecto exterior y solo una vez consensuado ponernos a trabajar en su interior. 
    Para no tener dudas en el resultado final, Joaquín Fernández me probó en varias ocasiones con tejidos de otra época que por su composición o terminación difícil tendrían cabida hoy. Incluso, recuerdo que en la penúltima chaqueta que realizamos utilizó trozos de diferentes telas para conseguir suficiente tejido para toda la chaqueta. De hecho, no creo que hubiera habido ningún sastre, al menos que yo conozca, que hubiera aguantado todo lo que Joaquín aguantó todos estos meses. Aunque difícil es hacerse la idea de lo que será una chaqueta utilizando otra tela y otro color, creímos, como todavía hoy pensamos, haber dado con lo que buscábamos. 
    La confección tiene varias notas que difieren de la manera en la que Joaquín acostumbra coser sus chaquetas. El hombro no cae de manera natural sino que tiene cierto relieve en su costura. Su sisa es alta pero no tanto como en las chaquetas de calle. Igualmente, las mangas no quedan tan justas como en las de los trajes estándares. Ambos detalles entendibles si tenemos en cuenta que el propósito principal de esta chaqueta es acompañar al conductor del coche en su trayecto a su destino preferido y, por consiguiente, la vestirá principalmente durante el tiempo que esté al volante. 
    Esto es otro de los motivos por los que la chaqueta es visiblemente más corta que las chaquetas estándar. Una chaqueta que hubiera sido más larga solo hubiera conseguido un sobrante importante de tela entre el respaldo del asiento y el propio conductor; algo que solo hubiera conseguido hacer menos placentero el viaje. Para añadir un toque extra de comodidad al extender los brazos es por lo que se incorporó una abertura en la espalda; abertura que concede unos centímetros extras de tela cuando ambas brazos están extendidos sobre el volante. 
    Definido su diseño – ver su porqué en el primer artículo - fueron varios retos a los que nos tocaron enfrentarnos en esta chaqueta. Quizás uno de los más importantes fue bajar la idea conceptual de coderas a la chaqueta con la piel de Bentley. Esta piel si bien es de una incuestionable calidad, tiene un grosor y un tratamiento pensado para que resista sin inmutarse el rozamiento y el uso continuado durante años y años. Esto da como resultado una piel que no admite patina alguna ni tampoco un cosido fácil debido precisamente a su importarte grosor. Después de decidir que coser la hombrera en su totalidad restaría elegancia a la chaqueta, pensamos hacerlo solo en forma de ribete. Para que esto adquiriera sentido el núcleo de la hombrera lo adornamos con un óvalo del mismo cachemira que la chaqueta pero con el rombeado diferenciador de la casa de la B alada. 
    Para el ribete de piel nos pusimos en contacto con otro viejo conocido de esta página, Antonio García Enrile, artesano de la piel que adelgazó la piel los milímetros necesarios para poderla coser de manera manual a la codera de la chaqueta. Este mismo tratamiento se hizo a la piel que franquea el cinturón trasero y a las aberturas de los bolsillos interiores. Igualmente, en el interior de la tapeta del cuello aparece un trozo de esta piel y con el logo de Bentley grabado cosido a mano.
    Una vez con las líneas de la chaqueta definida, el proceso de probado fue igual al de cualquier otra chaqueta por lo que conviene no conviene hablar mucho de él sino mejor centrarse en su interior. Como explicamos en el primer artículo, se buscó un diseño de medio forro con el estampado – se respetaron hasta las medidas exactas de los rombos – idéntico al de la tapicería de los vehículos. También el doble cosido propio del tapizado de la casa británica aparece en la chaqueta. Los bolsillos interiores, uno para la pluma Montblanc y el otro para la llave del coche cuentan con un bordado realizado a mano. Las líneas curvas del forro recuerdan las carreteras en las que más se disfruta este tipo de coche. 
    Espero que las fotos os ayuden a haceros una idea más aproximada del resultado final de la chaqueta donde no hay detalle que no tenga un porqué detrás. Prueba de ello es el refuerzo que se ha cosido en la parte superior del hombro izquierdo para evitar que el paso del cinturón pudiera terminar rozando la exclusiva, pero más difícil de cortar, cachemira de Holland & Sherry utilizada en la chaqueta. 
    Como conclusión decir que esta ha sido una de las aventuras sartoriales más locas en las que he participado. Dudo que de poder marchar atrás me volviera a embarcar en semejante proyecto aunque a tenor de todo lo que nos hemos divertido y la repercusión, tanto nacional como internacional, que ha tenido seguro que lo volvería a hacer. 

    Para terminar quiero aprovechar y dar las gracias a las casas que han confiado en mi para llevar adelante este apasionante proyecto: Montblanc, Holland & Sherry y Bentley Madrid, casas que han apostado por un profano en el mundo de la moda pero que tienen en su ADN de lujo y exclusividad valores como lo intemporal, lo hecho a mano y lo confeccionado a medida.

    Fotos: 1ª y dos últimas primeras fotos: Alvaro Felgueroso
    El Aristócrata

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  • 01/07/17--01:44: ¿QUÉ ES LA ELEGANCIA?
  • A pesar de las múltiples veces que me puedan llegar a preguntar por: “¿qué es para ti la elegancia?”, encontrar una respuesta rápida no es fácil. Definir un concepto tan subjetivo como el de elegancia no resulta sencillo, más si cabe cuando nos adentramos en las arenas movedizas de la elegancia interior. Aunque hoy lo vamos a hacer.

    Esta semana a través de cinco grandes citas, intentaré dar respuesta, siempre mi respuesta y siempre discutible, a lo que para mí significa ser elegante. Para ello, me fijaré en algunas de las características inherentes a la elegancia exterior que, al contrario de lo que ocurre con las responsables de definir la elegancia interior, difícilmente pueden ser discutibles. 
    1."Si la gente se gira para mirarte por la calle, es que no vas bien vestido" - Beau Brummel. Salir a la calle con un conjunto demasiado llamativo, por ejemplo combinando prendas pensadas para usos diferentes (sirva como muestra un traje con zapatillas deportivas), lo único que consigue es que la gente te mire y no precisamente por tu estilo innato. Muy al contrario, aquellos conjuntos que podrían pasar desapercibidos pero que no dejan a nadie indiferente, consiguen que tu recuerdo perdure en la retina de quienes se cruzaron en forma de sonrisa. Como diría Giorgio Armani, “la elegancia no consiste en ser notado sino en ser recordado”.
    2.“Nada tan peligroso como ser demasiado moderno. Corre uno el riesgo de quedarse súbitamente anticuado” - Oscar Wilde. Elegancia y moda rara vez van de la mano, basta observar las pasarelas de moda de medio mundo para afirmar sin miedo a equivocarnos que ambos conceptos están cada vez más enfrentados. La elegancia apuesta por la intemporalidad, mientras que la moda prefiere siempre lo pasajero del momento. 
    3.“No es fácil hacer que algo parezca simple. La sencillez es mucho más difícil que la complejidad” - Carolina Herrera. Sobrecargar los conjuntos de colores, estampados o complementos puede tener un efecto negativo sobre el resultado final. Un sencillo traje cruzado artesanal azul marino acompañado de unos oxfords negros, una camisa y una corbata de diferentes tonos de azul es una opción que por su sencillez, aquí elegancia, difícilmente puede ser mejorable.
    4.“No es la apariencia, es la esencia. No es el dinero, es la educación. No es la ropa, es la clase” - Coco Chanel. A pesar de lo que pueda pensarse, vestir bien tiene mucho más que ver con el gusto que con el dinero. Como la misma señora Coco diría, el lujo no depende de la riqueza, sino de la ausencia de vulgaridad. Mucho más importante que el dinero es la cuna y la clase innata, o aprendida, de cada uno de nosotros. Vestir de una manera u otra dependiendo del momento y el lugar es además una forma muy sutil de mostrar nuestra educación.
    5.“El hombre debería parecer que ha comprado su ropa con inteligencia, se la ha puesto con cuidado y se ha olvidado totalmente de ella”- Hardy Amies. Comprar la ropa con inteligencia significa hacerse con aquellas prendas, cortes y colores que más nos favorecen. Si ponérsela con cuidado es importante, todavía lo es más caminar y moverse con ella con tal naturalidad que te llegue a costar recordar qué llevas puesto en cada momento. Siempre mejor que disfrazarse resulta vestirse conforme a tu personalidad, y dejar que la ropa hable de ti. Los conjuntos que transmiten rigidez evidencian que quien los viste no está todo lo cómodo que quisiera. 

    El Aristócrata

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    Por mucho que lo intenten las casas de moda, todavía no han conseguido traer al mercado un abrigo que combine con los trajes con la elegancia y distinción que lo hacen los diez protagonistas que traemos durante este y el próximo fin de semana a esta columna.

    1.El Crombie
    El Crombie es uno de los abrigos de ciudad más polivalentes para usar tanto con traje como con un informal dos piezas. El color azul marino resulta la opción más versátil además del preferido por personajes tan dispares como Winston Churchill, Los Beatles o Cary Grant. Aunque es posible encontrarlo en diferentes terminaciones, el modelo de hilera sencilla y confeccionado con lana pesada sigue siendo el modelo icónico. Añadámosle un cuello de terciopelo y un forro de color, por ejemplo, rojo y nos habremos hecho con un abrigo todo terreno y actual.
    2.El Chesterfield
    Dado a conocer en el S. XIX por la casa de los duques de Chesterfield se caracteriza por su formalidad al extenderse por debajo de la rodilla. Aunque puede ser cruzado, es el modelo de hilera sencilla con botones cubiertos el más conocido. Sus colores más populares siguen siendo el azul, el beis y el negro. No obstante, el modelo confeccionado en lana gris, con estampado de espiga y con el cuello de terciopelo negro representa el Chesterfield por excelencia.
    3.El Covert
    Este modelo es la alternativa ideal para aquellos que quieren hacer acompañar su traje de un bonito abrigo, pero sin por ello tener que vestir un serio Crombie o un largo Chesterfield. Aunque en sus orígenes se concebía como abrigo de montar y de caza, hoy se viste también en la ciudad. Es un abrigo ceñido que no sobrepasa la rodilla y que está confeccionado con telas no muy gruesas para poderse vestir gran parte del año. Sus cuatro costuras paralelas en los puños y en el faldón, su cerillera en el lado derecho, su cuello de terciopelo y su tono marrón claro permiten identificarlo fácilmente. Probablemente el mejor abrigo si queremos vestirlo tanto con traje como con unos pantalones informales. 
    4.La gabardina
    Presente en el armario del hombre desde 1880, se caracteriza por su tejido impermeable resistente al viento, al agua, a la nieve y por su inconfundible diseño de origen militar. Siempre más auténtico de hilera cruzada, con cinturón, con anchas solapas y grandes bolsillos, el también conocido como abrigo de trinchera es la mejor alternativa para cuando el cielo amenaza lluvia. Aunque el color más emblemático sea el beis, los tonos azul oscuro, granate o los más atrevidos rojo o verde, añaden un toque de frescura a los armarios más atemporales. 
    5.El Ulster
    Aunque hoy algo olvidado, su belleza intemporal lo convierte en uno de los diez abrigos obligatorios. Caracterizado por una hilera cruzada del tipo 6x3 o 8x4, por descansar por debajo de la rodilla, por sus bolsillos de parche, su cinturón con agujeros y sus puños franceses, el Ulster es el abrigo perfecto con el que pasear por el campo en una poco desagradable tarde invernal. No obstante, son sus amplias solapas chatas, su tejido tipo Tweed, su costura alta central, sus pliegues traseros y su larga abertura en la espalda sus notas más diferenciadoras. 
    6.El Paletot
    Presente desde mediados del S. XIX y con ciertas similitudes con el Chesterfield, se caracteriza por su hechura holgada, sus solapas de pico, un largo faldón que se extiende por debajo de la rodilla, una corta abertura trasera y una caída en forma de campana desde la cintura. De hilera cruzada, con sus botones dispuestos en forma 6x2 y sin cinturón, el paletot es el abrigo perfecto para vestirse, sobre todo de ser azul marino, con el chaqué y frac, aunque también con un buen traje artesanal diplomático. Dependiendo del tipo de tejido, se conseguirá un aspecto más serio o informal. Para los looks más casuales, los tejidos de Tweed o de franela son los compuestos más versátiles. 
    7.El Pea Coat
    Si para sacar lo mejor del paletot resulta necesario vestir como mínimo un elegante traje de chaqueta, el Pea Coat, también conocido como chaquetón de  marinero, cobra su significado con los atuendos más informales. Aunque aparece en el S. XIX, hasta bien entrado el S. XX está considerado tan de sport que no es bien visto vestirse en la ciudad, prohibiendo incluso algunas empresas vestirlo a sus empleados durante la jornada laboral. Sin embargo, la gran influencia de los marineros ingleses en la vestimenta de sport y el que el Duque de Windsor fuera altamente criticado por aparecer vistiéndolo en un acto público, lo convirtieron en todo un objeto de culto. Caracterizado por una hilera cruzada, seis botones en fila recta, un grueso tejido, amplias solapas para protegerse del frio del mar y una reducida longitud para permitir a los marineros subir por el mástil, el Pea Coat sigue siendo todo un clásico de la vestimenta casual. 
    8.El Greatcoat
    Con un aspecto que recuerda los imponentes abrigos militares del S. XVII, destaca por sus líneas amplias y un resistente tejido de lana capaz de aguantar todo tipo de inclemencias climatológicas; lluvia incluida. Fácilmente reconocible por sus voluminosas solapas y sus puños dobles – ambos detalles pensados para desdoblarse y proteger del frío tanto la cara como las manos -, sus profundos bolsillos se pensaron para resguardar de la lluvia la comida del día. Concluida la Segunda Guerra Mundial, el Greatcoat se popularizó entre la población civil convirtiéndose en uno de esos abrigos imprescindibles. Por sus reminiscencias militares, el gris, el verde oliva y el azul son sus colores más frecuentes. Todavía resulta frecuente que una pequeña capa proteja la parte alta de la espalda. Como siempre ha sido costumbre en los abrigos militares, es de hilera sencilla y descansa holgadamente por debajo de la rodilla. 
    9.El British Warm
    Todo un clásico inglés también con reminiscencias militares, concretamente del ejercito británico de la Primera Guerra Mundial. Está confeccionado con lana melton, hilera cruzada, solapas de pico, bolsillo de pecho, dos amplios bolsillos laterales, una abertura trasera central y con una longitud que llega hasta la rodilla. En su versión más auténtica cuenta con solo dos botones en sus mangas y uno en el interior del cuello para poderse abotonar. Winston Churchill y el Príncipe Carlos han sido dos de los mejores clientes de este abrigo. 
    10.El King Coat
    Abrigo aristocrático por excelencia, alcanzó una enorme popularidad en los años treinta de la mano de los principales galanes de la gran pantalla. Cruzado del tipo 6x2 es ceñido y se extiende por debajo de la rodilla, en tejido de lana en espiga, de solapas de puntas altas y de, preferiblemente, bolsillos laterales rectos y color azul marino. Este ha sido la opción preferida de monarcas y aristócratas de medio mundo. La pureza de sus líneas y su gran elegancia convirtieron al Rey Jorge VI en su más ferviente fan. 

    El Aristócrata

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    Hace ya cinco años que publiqué el “Manual del Perfecto Caballero, Normas Básicas del Buen Vestir” y aunque se sigue vendiendo bastante bien creo que ha llegado el momento de darle continuidad con un nuevo libro. 

    Son muchos los temas que desde entonces hemos tratado tanto en esta página como en los otros medios en los que escribo y de juntarlos todos, además de ampliándolos en contenido y número, bien podríamos decir que tendríamos una enciclopedia del vestir, la Enciclopedia del Buen Vestir.

    Aunque me siento orgulloso de mi querido “Manual” es cierto que si bien era la mejor base para conocer cómo vestir correctamente, adolecía de consejos prácticos y de fotos de calidad (esto último alejado de mi voluntad pero que se debió a una cuestión económica de la editorial). 
    Mi intención es que vea la luz el próximo diciembre y mientras ya me encuentro escribiéndolo, sigo pensando cuál sería la mejor forma de publicarlo. He pensado en volver a hacerlo a través de una de las grandes editoriales, sobre la mesa hay dos propuestas, o hacerlo por mi cuenta. Esta última es sin lugar a dudas más compleja pues la editorial se encarga de cosas como maquetación, impresión y distribución que requieren de un tiempo que yo no tengo. Sin embargo, más allá de esto, por mi experiencia, la editorial clásica no te ofrece ninguna ventaja de importancia. La distribución del libro tampoco fue gran cosa. Siempre me sorprendió ver cómo se agotaba en sitios como el VIPS, la Casa del Libro o el mismo Corte Inglés y a duras penas se reponía. Muchos de vosotros, todavía hoy, me preguntáis cómo conseguirlo ya que efectivamente nunca fue sencillo. Al final, es Amazon, con sus ventajas e inconvenientes, el lugar donde el libro resulta más sencillo de conseguir. 
    Recién publicado el “Manual” acudí a programas de radio, hice entrevistas, salí en periódicos, revistas etc. pero ninguna, absolutamente ninguna, me vino a través de la editorial sino por el interés que el libro había despertado. Fueron las radios, televisiones y medios los que me contactaban directamente a mi para beneficio final, principalmente, de la editorial. Además, y esto es sin lugar a dudas lo más importante, los números que hacen las editoriales a la hora de publicarte un libro son de lo más agresivos. Esto impidió que pudiera incluir fotos a color, algo que creo que en un libro ilustrativo como este es de todo punto obligatorio. 

    Lo publique de una forma u otra le que me gustaría es que tuviera el mismo éxito que el anterior o es resultase a todos atractivos. La “Enciclopedia” además de replicar algunos temas estrellas escritos en estos últimos cinco años, también será un libro también de consulta para que quien quiera consultar un punto de manera rápida pueda hacerlo, ya sea saber qué  zapato vestir con un traje de lino o qué tipo de estampado sería el mejor para un traje de cachemira. Al igual que hice cuando escribí el “Manual” no nombraré ninguna marca. Además de no ir con mi filosofía, últimamente se han publicado varios libros que intentando justificar dar a conocer a los mejores sastres, zapateros o artesanos de medio mundo han hecho de su libro todo un negocio personal. 
    Aunque lo tengo más o menos estructurado ya en la cabeza, sí os agradecería me comentarais qué temática os gustaría que se incluyera. Pero por favor os agradecería pensarais en temas algo abiertos y no tan concretos como para que solo a un par de lectores pudieran interesarles. Se actualizaran temas y se tratarán otros que por espacio, que no por importancia, no se vieron en el primer libro. 

    Deseando poder cumplir con los plazos y podéroslo presentar el próximo diciembre, os agradecería vuestros consejos para poderlo hacer lo más interesante posible.

    Muchas gracias.

    El Aristócrata

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    Antes de que el próximo sábado empecemos con una nueva serie bespoke en la que os hablaré de tres trajes confeccionados por tres sastres diferentes, esta semana me gustaría hacerlo de un tema a priori sencillo: la elección del color del zapato dependiendo de el del traje.

    Efectivamente a estas alturas este tema no debería suponer ninguna dificultad pero, sin embargo, a tenor de lo que todavía se ve por ahí fuera parece que no todos lo tienen tan claro como nosotros.

    1-La hora del día
    Independientemente de gustos, la hora del día debería guiar nuestras elecciones. Por mucho que te guste romper normas, crear tendencias o incluso llamar la atención, hay colores que no tienen cabida con el traje y otros que sí pudieran tenerlo pero que lo pierden cuando el sol desaparece. La noche, así como las situaciones mínimamente formales, sigue exigiendo colores oscuros y el negro se presenta como opción imbatible. Sí, a pesar de que todo eso de que “brown is the new black” el “never brown after six” parece mucho más lógico si la noche ha hecho ya su aparición. 
    ¿El por qué?. Bueno, como expliqué en mi libro, y no es mi intención volverlo hacer por lo que lo resumo muy brevemente, hay un protocolo que data de muchos años atrás por el que los hombres al llegar a casa después del trabajo se cambiaban de ropa y se ponían las conocidas como “evening clothes”. Estas se caracterizaban por tener una mayor seriedad que las de la mañana siendo los colores blanco y negro los protagonistas. Aunque sé que esto ocurrió hace ya casi un siglo, hay ciertas normas que parecen lógicas y personalmente no veo nada malo en mantenerlas.  

    Indudablemente, los tiempos cambian y las normas de convivencia se han relajado. ¿Quizás en exceso?. Que cada uno salga a la calle y juzgue por si mismo. El relajamiento de estas normas ha traído cambios y esto también ha afectado a la ropa. De ahí que por la mañana, más en sitios con mucha luz como España o Italia, los marrones cobren cierta lógica. Aunque obviamente no cualquier marrón, y por supuesto no cualquier zapato. No obstante, parece lógico que si a la mañana escogíamos un zapato marrón, por la noche se elija uno negro. ¿Acaso el día y la noche desprenden la misma luz o tienen la misma claridad? ¿Acaso vestiríamos el traje claro de lino de la mañana por la noche? Pues entonces, tampoco podemos hacerlo con los zapatos.
    2-Con los trajes azul y gris
    Se sea amante de la máxima discreción o sencillamente no se quiera correr riesgo alguno, nadie se equivoca si elige para su día a día un zapato que además de tener cordones, y de ser posible costura prusiana, es de color negro. El negro si bien puede no ser el más estiloso para vestirse con estos dos trajes, siempre resultará correcto. Vistiendo unos sencillos zapatos negros, de calidad y con cordones, se estará vistiendo infinitamente mejor de lo que hoy hacen la mayoría de nuestros conciudadanos.

    Si nos gusta variar y además introducir un toque relajado y de estilo, parece lógico probar también con otros tonos. 
    Aunque en Italia pudieran llevarnos la contraria, con el traje azul marino encontramos varias opciones interesantes como para terminar vistiendo un zapato marrón claro. Este llamativo color “choca” demasiado con el tono oscuro del traje algo que produce un fuerte contraste. Si además seguimos la horrenda costumbre española de combinar dichos zapatos marrones claros con un cinturón del mismo tono el resultado está más próximo al espanto que a cualquier estilo posible. Sin embargo, en verano los trajes azul claro admiten de buen grado estos zapatos marrones claros. 

    Entre el serio color negro y los poco vistosos marrones claros, encontramos una amplia gama intermedia de colores que de vestirlos en momento y lugar añaden al conjunto un refrescante toque de estilo. Así, por ejemplo, los trajes grises quedan muy bien con zapatos burdeos o de color próximo al vino y además tienen la seriedad suficiente como para acudir sin problemas a una reunión de trabajo o en el día a día de la oficina. De gustarnos esta opción asegurémonos de prescindir de un cinturón del mismo color – los tirantes o las pletinas laterales quedan siempre más elegantes y el look final del conjunto más limpio. Otra opción siempre segura tanto con el traje gris como con el traje azul son los zapatos de tono marrón oscuro cercano al chocolate. 
    El marrón oscuro, o incluso un buen patinado del mismo, aporta, por un lado la formalidad que requiere un traje azul marino y por otro, imprime un toque de elegancia que desgraciadamente no abunda en nuestras calles. Esta combinación permite tanto acudir a la oficina como a eventos algo más formales. No obstante, de acudir a un evento claramente formal, solo los zapatos negros deberían ser los elegidos. Al igual que ocurre con los zapatos marrón oscuros, los de tonalidades próximas al coñac son idóneos para acompañar también a ambos trajes. Basta tener en cuenta que cuanto más oscura sea la tonalidad del este color más formal resultará el conjunto final. 

    Dicho esto, un bonito zapato artesanal de líneas clásicas inglesas del tipo semi-brogue siempre será una opción elegante con ambos tonos de color. Además, dicho brogueado contrastará con la a priori seriedad del color negro. ¿Os habéis fijado lo bonitos que son los zapatos Oxford semi-brogue con líneas de los años setenta que ciertas casas están ahora sacando en su línea RTW?. No me extrañaría que caprichos de la moda, este color retome en próximos meses gran protagonismo.

    3-Con los dos piezas o con los trajes lisos de Tweed
    Ciertos derbys pero sobre todo los Oxford, sus modalidades de semi-brogue o full-brogue y de color marrón oscuro combinan francamente con esos dos trajes
    4-Con los trajes de color marrón
    Aunque aquí podría aplicar perfectamente el famoso “never brown in town” hay que reconocer que hay trajes de un marrón pálido que de tener “duende” y estar bien cortados amplían acertadamente el abanico de trajes posibles, tanto en invierno como en verano. ¿Alguien podría negar la belleza de un traje artesanal de lino en tono tabaco? En estos es recomendable buscar un tono también marrón para el zapato. Pero no un tono normal, si no uno que mínimamente sea un grado más oscuro que el del traje. 
    5-Con los trajes verde botella 
    Hay trajes de estambre, tejido que se parece al de Tweed pero menos basto y más fino, que en tono verde oscuro resultan muy elegantes. Dependiendo lo atrevidos que seamos podremos escoger desde un tono azul pálido patinado hasta un granate oscuro. De no querer correr riesgos, nuevamente el marrón oscuro es la opción más segura. 
    6-Con los trajes granate
    Fuera de los azules y grises no resulta frecuente encontrar trajes de colores diferentes o algo arriesgados. Lo primero a tener en cuenta es que no es lo mismo un traje verde que un traje verde hecho a medida con una tela bonita, combinado correctamente y llevado con estilo. Y lo mismo ocurre con muchos otros tonos a priori llamativos. Y este es el caso de los trajes granates. Con esto estos, los marrones suelen ser buenas opciones. El tono de marrón dependerá en gran medida del tono del granate. 
    En definitiva, para conocer qué color de zapato es el que se debe vestir con cada traje bastará con prestar un poco de atención a las combinaciones aquí recomendadas y conocer con antelación en qué lugar y en qué momento del día se tiene pensado vestir esos zapatos. Y para terminar no olvidemos el papel clave que aquí juegan los calcetines. Intentemos que estos aporten sentido a la elección del color de los zapatos y del pantalón. Busquemos armonía entre las tres prendas y que cada una combine acertadamente con las otras dos de manera independiente. 

    El Aristócrata

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    Esta semana os quiero presentar un traje que si bien lo acabo de estrenar para hacer estas fotos llevaba conmigo más de un año en el armario. El motivo no fue por falta de ganas, sino porque llevándolo en una bolsa para hacer una sesión de fotos lo dejé descansando sobre el tubo de escape de la moto y salió, literalmente, ardiendo.

    Debía ser por septiembre de 2015, cuando me dirigía a la sastrería de mis amigos los hermanos Calvo de Mora para realizar una sesión de fotos para Loewe y en medio de la Castellana, recién estrenada la Royal Enfield, un olorcillo me hizo temer lo peor. Mirada abajo, vuelta a casa, cambio de traje y vuelta a empezar. Llegada a la sastrería, foto, entrevista y todo listo para completar el video promocional del perfume Solo Loewe (lo sé, tengo pendiente también compartir este video; video que a quienes le gusten las Harley Davidson seguro que le gusta). Ni que decir tiene que la Royal Enfield perdió su puesto privilegiado en el garaje y, aunque sigue en él, su protagonismo lo tomó una nueva Harley. 
    El pantalón se había salvado de la “quema” pero la chaqueta tenía signos visibles de su discusión con el tubo de escape. Se la llevé a D. José María Reillo, sastre responsable de so elaboración, quien la examinó y me recomendó salvar los botones, el pantalón pero la chaqueta volverla a hacer desde cero. Hablé con Holland and Sherry quien solo pudo ratificar la opinión de Reillo. Eva, con su acostumbrada impoluta profesionalidad, llamó a Escocia para intentar localizar el mismo tejido. Aunque a priori conseguir un tejido con solo un año en catalogo no parece que debiera ser algo complicado, la realidad es que al actualizarse hoy los muestrarios todos los años esto ya no resulta tan fácil. 
    Se encontró finalmente una partida en una sastrería italiana, de Milán más concretamente, igual al mío. No obstante, según me explicó Eva no era exactamente el mismo pues, aunque era la misma referencia, al no haber salido de la misma partida que la tela de mi traje, el tono del verde podía no ser exactamente igual. Según Eva, sería difícil de percibir esa mínima diferencia, pero prefería intentar antes buscar esos dos metros y medio que necesitábamos de una misma tirada. Unas semanas más tarde, un tejido idéntico llegaba a la sastrería de D. José María Reillo. 
    Sin prisas, la primavera ya estaba a la vuelta de la esquina, empezamos a dar forma al nuevo traje. El tejido es de tipo estambre, parecido al tweed pero más fino y suave. Un tejido muy escocés y que en invierno es muy agradecido por su tacto y abrigo. Sobre este tono de verde decir que, al menos desde mi punto de vista, no puede ser más acertado para este tipo de lana. El verde oscuro es un color que puede sumarse por su seriedad al popular azul y gris. 
    Por las mañanas, sobre todo en invierno, adquiere una lógica aplastante por su textura y luminosidad invernal. No es un tono llamativo y tiene una gran belleza y ese toque diferente que le distancia de los muchas veces aburridos azules y grises. Incluso los más clásicos y puristas lo recibirían de buen agrado pues está presente en el armario del hombre desde comienzos de los años 30. Echemos un vistazo a las fotografías de los galanes del cine de entonces y veremos como este color para nada era algo inusual.
    La chaqueta tiene el corte típico de D. José María. Un talle alto, algo que además de ser lo correcto es fundamental si se va a vestir el pantalón con tirantes. Una sisa también alta, igualmente fundamental para que no se desboque el cuello al sentarnos. La chaqueta abotonada marca de manera suave el talle y la cintura. Los hombros tienen las costuras cargadas algo que, si bien a mí me gusta, sobre todo en trajes de sport como este, no tiene porqué ser compartido por todos. Las solapas son algo más anchas de lo normal, aunque sin excesos, Esta vez las escogimos terminadas en punta, algo que no es más acertado que las chatas pero que elegimos porque nos parecieron más divertidas. 
    Esta vez os he querido ahorrar las pruebas y os traigo el traje terminado. Las solapas se picaron a mano y el traje se confeccionó igualmente todo de manera artesanal. Esta vez nos saltamos una prueba, la intermedia, pues son ya tantos trajes los que me ha hecho D. José María que bien podríamos reducir todo el proceso incluso solo a una. Aunque personalmente disfruto mucho del proceso de las pruebas, esta vez las redujimos a la del hilvanado y a la última en la que ajustamos pequeños detalles. Los ojales no son los que acostumbra a coser D. José María, aunque no tiene inconveniente en coserme estos a mí, bastante más largos que los que normalmente cosen los sastres y sin la cabeza final redondeada. 
    La chaqueta visiblemente más corta que las de mis primeros trajes, pero siempre cubriendo el trasero. La doble abertura trasera sigue siendo mi preferida y los botones son de un corozo de marrón discontinuo. El forro no buscaba robarle protagonismo a la chaqueta y se escogió uno de un verde pálido que consigue no destacar sobre el verde oscuro de esta. Los detalles del interior también son marca de la casa. Los viveados de los bolsillos están hechos con tela de camisa y las costuras viveadas a mano y en un tono marrón oscuro que contrasta acertadamente con el verde del interior de la chaqueta. Esta última solo se medio forró pues con un tejido ya de por sí caluroso podría llegar a ser demasiado abrigada. 
    Es importante conocer las ventajas y desventajas de forrar enteramente una chaqueta. Si bien las suaves temperaturas de las que disfrutamos en la capital agradecen las chaquetas medio forradas, en estas se marcan las arrugas en la espalda; sobre todo de llevar tirantes. Esto todavía es más apreciable de haber elegido un tejido de poco peso. El prescindir de todo el forro, incluido el de la parte superior de la espalda, dificultaría que corriera bien toda la chaqueta al ponérnosla. Dicho esto, si lo que buscamos es la durabilidad de la prenda, el forro completo debería ser nuestra elección.
    Sabéis de mi predilección por los trajes cruzados y por los tres piezas. Aunque podría haber quedado este traje también bien en versión cruzada, creo que en tres piezas es más especial. Al contrario de lo que he hecho con la mayoría de mis tres piezas, donde el chaleco es del mismo tejido que el cuerpo del traje, en esta ocasión decidimos probar algo nuevo: un chaleco de otro tejido, estampado y color. Nos atrevimos con un chaleco con cuadro tipo Harris, cruzado y con solapas redondeadas. Escogimos estas solapas para que guardaran proporción con las del traje, pero el resto de los detalles del chaleco solo obedecen a mi gusto personal. 
    No siempre es fácil adivinar cómo será tu traje cuando estás frente a un muestrario y todo lo que puedes hacer es sobreponer ese mínimo trozo sobre la tela del pantalón o del chaleco. Pero visto el resultado, creemos que el tono del Harris efectivamente combinaba muy bien con el verde botella del traje. A pesar de que la confección del chaleco a priori no debería ser de lo más complicado, hay que cerciorarse de varias cosas. Y la más importante es asegurarse de que cubrirá ligeramente la cintura del pantalón y no terminará ni demasiado bajo ni, por supuesto, por encima de la cinturilla del pantalón ya que si no se vería parte de la camisa. 
    Igualmente, otro fallo bastante común es cortar el chaleco con el mismo largo por delante y por detrás obviando que con el paso de las horas la parte trasera del chaleco se sube ligeramente. También debemos asegurarnos de que abotonada la chaqueta el chaleco asome muy ligeramente entre la chaqueta y el pantalón y, por supuesto, que no se vea camisa alguna.
    El pantalón está cortado para vestirse con tirantes algo que se aprecia en su caja algo más alta por su parte trasera. A diferencia de los primeros pantalones este es tanto de pierna como de boca más estrechas. Modas al margen, debemos conocer nuestro físico y escoger las proporciones de nuestra ropa acorde a él. Yo mido 1,78cm y soy bastante delgado y creo que este tipo de corte me queda bastante aceptable. 
    Pero si somos bajitos, o aficionados a probar cuantas cervezas artesanas salen al mercado, deberíamos buscar una hechura más acorde a nuestra complexión. Las pletinas laterales hacen las veces de cinturón y armonizan esta cintura sin pasador, carecen de sentido de no vestir cinturón, y un cierre más corrido de lo normal abotona el pantalón. Dos bolsillos traseros con lazaderas, también solo debido a mi preferencia de estas frente al clásico ojal, rematan el conjunto. 
    Este traje representa la combinación del estilo clásico con innumerables guiños, tanto en hechura como en detalles, a tendencias sartoriales más actuales. Seguramente la combinación que define mi etilo personal. Nuevamente, la experiencia de hacerme un nuevo traje con D. José María ha vuelto a ser todo un lujo. Hablar con él, conocer más de sastrería, tanto de la de ayer como de la de hoy, es siempre un placer. 
    Su humildad hacen que las horas con él sean todo un lujo. Ver como pasa de la mesa de cortar al taller a conversar con las oficialas consigue un ambiente de trabajo que no es muy frecuente en el sector. Y si tiene que dejar las tijeras y ponerse a hilvanar unas solapas o a coser una tapeta no se le caen los anillos y lo hace encantado. Esa cercanía también física con el taller y el contar con ese pequeño equipo de profesionales que trabajan solo para ti y para ningún sastre más, consiguen que sus prendas tengan el sello diferenciable de la casa.   
    La semana que viene os contaré mi experiencia con otro sastre y un corte y concepto más moderno de la profesión. No hay nada como conocer para aprender y tener capacidad de crítica. Igualmente, ese conocimiento contribuye a identificar los puntos fuertes y menos fuertes de uno y otro sastre y entender que si bien cada uno de nosotros podemos sentimos más cómodos con el trabajo de nuestro sastre, el categórico “el mejor” tampoco aplica a esta profesión.  

    El Aristócrata

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    Decía Mark Twain que “viajar es un ejercicio con consecuencias fatales para los prejuicios, la intolerancia y la estrechez de mente”. Y esto también aplica a la sastrería. El conocer diferentes puntos de vista del oficio, viajar y hablar con sastres de idiomas diferentes tanto de lengua como de aguja, te ayuda a comprender esta frase en toda su extensión.

    En la sastrería, como en todo en la vida, es más que aconsejable abrirse y conocer cosas nuevas y puntos de vista. Si no, no hay ni evolución ni mejora. Pero hacerlo con mente abierta y no solo con ganas de criticar o entonar el tan común español “yo más” o “yo mejor”. Igual que un médico se forma continuamente aprendiendo, leyendo lo escrito por otros compañeros, asistiendo a congresos etc., también los sastres deberían, al menos desde mi punto de vista, avanzar en su profesión profundizando en el conocimiento del hacer de otros profesionales. 
    Obviamente, médicos, sastres, futbolistas, abogados, fontaneros etc. pueden ser mejores profesionales viendo a más enfermos, haciendo más trajes, ensayando más penaltis, llevando más casos o arreglando más frigoríficos. Sin embargo, si se quiere ir un paso más allá y no solo mejorar tu técnica, sino convertirte en un referente en tu campo, el aprender de otros, en todos los campos, es algo fundamental. 

    Sin embargo, esto no se estila entre el gremio de sastres. Una vez abren su propia sastrería el proceso de aprendizaje se ralentiza y se perfecciona la técnica según el trabajo del día a día o según lo que aprecien en las prendas que puedan llevar sus nuevos clientes. De ahí que los sastres que pasan por diferentes sastrerías hasta abrir la suya propia tienen un bagaje difícil de conseguir por los que rápidamente se establecen por su cuenta. 
    Los amantes de este bonito arte necesitamos conocer cuanto más mejor para poder tener criterio y saber valorar lo bueno y malo de cada uno de ellos. De hecho, como decía la semana pasada, cuanto más conoces más te das cuenta de que el tema de los sastres tampoco va de negros y blancos, sino que hay muchos tonos de grises. O, dicho de otra manera, cuantos más sastres conoces más te das cuenta de que eso de “el mejor sastre” no existe; aunque muchos de ellos piensen que lo son. Obviamente, todos tenemos un sastre con cuyo trabajo nos identificamos más, pero esto no quiere decir que pensemos que todo lo suyo es lo mejor. De ahí que de uno nos guste más sus pantalones, de otro el aire final del conjunto, de otro el pecho de la chaqueta, de otro el cuello, de otro la caída, de otro el estilo o de otro la caída.
    Y conociendo el trabajo del sastre Paulo Battista pero, sobre todo, conociendo la persona, descubres facetas con las que te identificas y seguramente no conocías hasta entonces. Una de ellas es ese nuevo concepto de sastrería muy suyo y también de algunos sastres jóvenes. Este concepto va mucho más allá del uso de las redes sociales o de aparecer en medios hasta hace bien impensables en un sector tan tradicional como el de la sastrería. Es curioso observar como productos y sectores tan tradicionales como el de la sastrería se valen hoy de nuevos medios y de internet para dar a conocer e incluso vender su producto y, sin embargo, el de la sastrería, al menos de nuestro país, se resiste a admitir que su mundo tampoco será como el de sus padres. Pero no es solo esto lo que define más a esta nueva sastrería, es el propio concepto que de la misma tienen los sastres más jóvenes o los que están más en contacto con el S.XXI en el que viven.
    La nueva sastrería se caracteriza por su cercanía. Atrás quedaron los años en los que la relación sastre-cliente era fría o lejana. Hoy el sastre está más cerca de su cliente que nunca (algo que por otro lado está ya pasando en todas las profesiones; por tradicionales que estas pudieran). La nueva sastrería conoce a su cliente, un cliente también del S.XXI al que mantiene informado constantemente de su traje a través de fotos o videos del proceso. Cuando descubren un nuevo tejido que pudiera gustarles, se lo comunican con enorme naturalidad. 
    No sé si es lo más adecuado pero la realidad es que el nuevo sastre es un personaje social. Aquel dicho de las abuelas de “el que no enseña no vende” lo tienen presente compartiendo páginas de sociedad con clientes y ocupando portadas de revistas y llenado páginas y páginas de internet. Su sastrería poco tiene ya que ver con los sitios rancios del pasado. Ahora son lugares donde conocerse los clientes y donde disfrutar de una relajada charla con el sastre y amigos de la sastrería. 
    Y es este nuevo concepto de sastrería es el que lleva a gala Paulo. En Paulo destaca sobre todo esa enorme cercanía. Desde que te recibe en la puerta de su sastrería – siempre la abre él - toda la seriedad que suponía antes el encuentro sastre-cliente se disipa. Habla el idioma del cliente, sea una celebrity de televisión o un poco hablador banquero. La propia forma en que la sastrería está distribuida y decorada ayuda y conduce eso. No tiene prejuicios de ningún tipo e intenta entender y hacer al cliente la prenda como ellos la quieren y no como a él pudiera gustarle. Los oficiales trabajan en un taller pegado a la sala de pruebas y puedes pasear tranquilamente por él sin sentirte ni observado ni intimidado por el propio sastre. 
    Aunque mi concepto de elegancia, belleza o estilo pudiera no ser el mismo que el que representa este traje de Paulo Battista, quería traer a este artículo su concepto de traje y no el mío. Por ello, le pedí que me hiciera su traje, ese traje que él se haría para sí mismo. Y este traje que veis aquí fotografiado es el que mejor representa el estilo Paulo Battista. Disfrútenlo:
    Amante, como yo, de las telas de Holland & Sherry escogimos para el traje una tela de su muestrario 180 aniversario, un super 180´s de lana y cachemira. En el anterior link podéis encontrar más información de esta tela y del proceso de confección del traje por lo que hoy me voy a ceñir a contaros solo detalles del traje ya terminado. 
    La idea de estilo de Paulo pasa por un traje de tres piezas donde cada una de ellas tiene entidad propia. El protagonismo individual de estas queda patente en líneas y detalles con cargada personalidad. Igualmente, es un estilo que si bien a priori pudiera parecer atrevido tiene una enorme mezcla de contemporaneidad y clasicismo. Empecemos por la chaqueta para entender este estilo tan peculiar. Si bien las solapas son anchas y alejadas de las más conservadoras, la escasa y recta abertura de la chaqueta recuerda a las chaquetas de una época pasada. Hoy donde el tres falso botones es el corte estrella, Paulo prefiere el dos botones “de toda la vida”. Los bolsillos son de terminación recta terminando uno de sus extremos en forma de pico. Hace uso de la cerillera y, como era de esperar, el dibujo casa en las diferentes costuras. 
    Las solapas son una de las marcas de la casa. Anchas, altas, redondeadas y puntiagudas y donde un cosido tipo rejilla las une con una tapeta con forma de lo más insinuante. Al contrario de lo que pudiera pensarse, cuenta con unas marcadas hombreras y en la costura del hombro aparece un mínimo de redoble. Aunque el tres piezas permite llevar la chaqueta abierta, de preferir llevarla cerrada observaremos que su abertura es, como acabamos de nombrar, escasa y se abre de manera recta. Si estás acostumbrado a las chaquetas que se abren más y en forma redondeada esto puede chocarte en un principio. Otra de las cosas que más llama la atención de la chaqueta no es que se pince en el frontal sino que carezca de costura en la espalda. Esto consigue en los tejidos con estampados de rayas, cuadros como este etc., que el dibujo ni se parta ni se pierda tras la costura central. Este es uno de los efectos ópticos más interesantes del traje. El forro de los bolsillos han sido hilvanados a mano.
    Los ojales son muy diferentes a los que vemos en España. Su cosido y terminación difiere en gran medida del típico ojal español de cuello de cisne. En el caso del ojal de la solapa Paulo va incluso un paso más allá. Si bien está cosido a mano, este es luego tapado con la parte anverso de la solapa teniéndolo que abrir si se quiere introducir por él cualquier complemento. Los de la manga en cambio sí son del tipo practicables. Prefiramos su forma de coser los ojales o la nuestra es de justicia reconocer que sus botones no tienen la misma calidad que los que ofrecen las sastrerías españolas de primer nivel. Sí, en cambio, el interior de la chaqueta aparece muy cuidado. Esta aparece forrada completamente, pero dibujando sinuosas curvas que permiten ver los bolsillos, bolsillos perfilados a máquina y rematados a mano.
    El chaleco, del mismo tejido que el resto del traje, es otra de las notas características del estilo de Paulo. De seguirle en alguna de las redes sociales donde es particularmente activo, le habremos visto con este tipo con la mayoría de sus trajes. Un chaleco en forma de U que nos recuerda el usado en ciertos conjuntos formales. Importante el detalle de dejar la parte trasera más larga que la delantera para evitar que termine subiéndose por la espalda. La espalda está forrada con el mismo tejido que la chaqueta del traje, u forro también de Holland & Sherry. Un azul claro que contrasta bastante bien con el azul más fuerte de la chaqueta. Dos pequeños bolsillos que además de por su efecto óptico aparecen para lucir un reloj de bolsillo, rematan el chaleco. 
    El pantalón es de corte bastante moderno. Lo primero que llama la atención es su cinturilla. Una cinturilla de grandes dimensiones, con un cierre doble que recorre parte del frontal y con dos pletinas laterales. No cuenta con pinzas. Aunque el efecto óptico es que sí al ver la raya discurrir por debajo de la chaqueta, la realidad es que no hay pinzas algunas. El minimalismo de líneas se aprecia en los bolsillos traseros, unos bolsillos sin botones que además no están abiertos. Un dobladillo ancho y una boca estrecha, aunque no tanto como podría hacer esperarse en un pantalón de este corte, rematan el pantalón.
    Independientemente de todos estos detalles, tengamos siempre en cuenta que debe ser el aire del traje y como se mueve con nosotros dentro en lo que nos deberíamos basar para juzgar cualquier traje o prenda artesanal. Como hemos dicho muchas veces, de nada sirve tener una pieza de increíble terminación en cuanto a calidad de la mano se refiere si esta no fluye con naturalidad en movimiento y se mueve además con un estilo imposible de conseguir con un traje de confección. Todo esto no lo digo pensando en este traje sino por cualquier otro, artesanal o de confección. Los trajes, los abrigos y cualquier otra prenda no solo deben estar bien hechos, sino que deben sentirnos bien. Deben aportarnos seguridad y hacernos sentir bien y guapos. Si no, habremos tirado el dinero, sea artesanal o industrial. 
    La experiencia de conocer no solo su trabajo sino la persona de Paulo Battista ha sido francamente enriquecedora. La humildad, una de las características que más valoro en las personas, está patente siempre en el trato y en su trabajo. Un sastre y una persona de la que sin duda se puede aprender muy mucho.

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    Con este artículo ponemos punto y final a una terna de sastres que nos han mostrado tanto terminaciones como estilos diferentes. Edades, conceptos, orígenes y hasta nacionalidades diferentes que enriquecen no solo está página sino también el conocimiento de sastrería tanto de noveles como de cuasi profesionales. 

    Hay en el sector quien piensa que lo sabe todo y también quienes creen que sin saberlo todo no conocen a nadie que, al menos en España, pudiera enseñarles a ser mejores. Sin embargo, solo aquellos que se acercan con mente abierta y dispuestos a aprender y evolucionar en el oficio terminan mejorando tanto su técnica como su estilo. Soy de los que piensan que se puede aprender algo siempre de todo el mundo, tanto si son mejores como si son peores que nosotros. Recuerdo hace años escuchar decir a Emilio Sánchez Vicario que él aprendía tanto de los jugadores de las primeras rondas como de las fases finales del torneo. De los primeros aprendía qué no hacer y de los segundos qué hacer.
    Joaquín, a pesar de sus varios años en la profesión, sigue en ese periodo de aprendizaje perpetuo. Un periodo que esperemos dure tantos años como dure él en la profesión. Solo cuando llegue el momento en que Joaquín piense que todo lo sabe se detendrá su evolución. Y esperemos que eso nunca le llegue a pasar. De momento esto no ha sido así. Siempre es bonito acudir a Langa y ver en su parte trasera alguna prenda de algún célebre sastre ya fallecido. Clientes tanto suyos como de Mariano le dejan chaquetas, esmóquines y abrigos para estudiar y que sin duda son el mejor libro que leer.
    Su intención no es copiar el trabajo de esos sastres ya que, como os podéis imaginar, su estilo difiere bastante y aquellas suelen ser prendas bastante armadas y pesadas. Pero sí las reinventa siguiendo su propio concepto de sastrería y teniendo muy en cuenta que no se puede hacer el mismo tipo de corte a una persona de treinta años que a otra de sesenta. De este periodo de aprendizaje continuo se benefician sus clientes que ven como con cada encargo encuentran algún detalle nuevo en su prenda o una hechura mejorada. Y como ocurría a los grandes maestros en sus inicios, tampoco a Joaquín le importa arriesgarse y equivocarse. Sin riesgo no hay mejora y si ese riesgo conlleva error podríamos afirmar sin equivocarse no se puede mejorar. 
    El traje que hoy es presento muestra de alguna forma ese continuo periodo de aprendizaje del que hablamos y el concepto de sastrería de Joaquín; un concepto que combina la artesanía, pero la de verdad, y unas líneas modernas. Y digo “la de verdad” porque a diferencia de las nuevas y contemporáneas “sastrerías” que han surgido en los últimos tirempos, la sastrería de Joaquín bebe de las fuentes más auténticas y así lo demuestra con su trabajo. Un trabajo donde la realización de un patrón personalizado – nada de eso de MTM -, una prueba de hilvanado y dos pruebas son necesarias para dar con un buen resultado. Y lo que para los puristas es igual de importante: siempre cosido a mano. 
    El tejido de Scabal es francamente bonito y su composición no puede ser más especial: lana con cachemira al 50% de 330 gramos. En su estampado conviven cuatro colores: el granate, el azul oscuro, el azul claro y el verde. Con tantos tonos podría llegarse a pensarse que la tela resultante podría ser de lo más llamativo pero la realidad es bien diferente. A solo unos metros del traje el color predominante del azul oscuro. Sin embargo, de cerca, cuando se aprecian los otros tres colores, el conjunto cobra todo su sentido.  
    Son muchas las cosas que resaltar en este traje. Además de su espectacular tejido y su forro granate, forro que se funde acertadamente con los colores del traje, encontramos un interior con medio forro donde apreciar la gran calidad de la mano de obra empleada.  Todo los viveados están realizados a mano y las formas que dibuja el forro de la chaqueta son de lo más elegantes. Los entendidos verán en este interior muchas similitudes con el de la sastrería francesa. Las solapas terminan en puntas redondeadas, verdadera marca de la casa. Su ancho es generoso, aunque no como para llamar la atención. Sus ojales, reconozco que me encantan, no cuentan con el clásico cuello de cisne y son bastante más largos de lo que hoy se estila. 
    Si bien con Joaquín hemos conocido todo tipo de hombros, en este caso hemos hecho un hombro con un poco de redoble pero de caída muy natural. Las mangas discurren a lo largo de los brazos bastante pegadas y el largo de la chaqueta es muy contenido – aunque siempre oculta el trasero. El dibujo casa el cuerpo con los brazos. Y si bien esto es fundamental más difícil es que en la costura trasera el dibujo no se pierda por la costura para luego volver a aparecer. 
    Mención aparte merecen los bolsillos de parche y el de pecho. Los de parche se diferencian de otros que hemos visto por su forma ovalada y donde un extremo termina más alto que el otro. Esta nota la conserva también el del pecho con una parte, la externa, más alta que la interna. 
    La cintura del pantalón que diseñamos hace ya más de un año empieza a ser también marca de la casa. Se distingue por su caja alta y una cinturilla mucho más ancha que las más habituales. Su cierre abrocha en un lateral del cuerpo y lo hace ayudándose de dos botones. El corte trasero es de lo más elegante y estiloso resaltando los dos bolsillos con solapas redondeadas también marca de la casa. 
    Quizás al muslo necesitaría soltarse un poco pues parece queda algo justo. La caída del pantalón a mí me gusta aunque obviamente a aquellos que les guste el pantalón largo les parecerá que este nuevamente queda corto. Es importante vigilar muy bien el tejido del calcetín, sobre todo en los pantalones de boca estrecha, pues en los trajes de franela o donde la cachemira está presente es normal que se llegue a enganchar con el pantalón. Esto hace que a la altura del gemelo el pantalón se “enganche” y deje de caer de manera natural, quedando corto. La única manera de evitar esto es escoger calcetines de algodón o dar mayor diámetro al pantalón, algo que no a todos nos gusta. 
    Como he dicho en varias ocasiones el traje de chaqueta no debería verse solo como una indumentaria de trabajo sino también como el conjunto con el que salir por la noche o disfrutar del tiempo libre. Y por ello mismo el traje de trabajo y el de sport, deberían ser diferentes. Y deberían ser diferentes tanto en corte, tejidos como estampado. Este traje, precisamente por su corte, no tendría mucho sentido en un acto formal, pero, en cambio, es perfecto para las ocasiones más lúdicas; ocasiones informales donde hoy no se sabe vestir. Añadamos a este traje un fino cuello vuelto de color beis y el aspecto será de lo más chic. 
    Esto es lo bueno de la sastrería. Nos puede echar una mano ya no solo en el horario laboral sino también, hoy más que nunca, en el tiempo de asueto. Y en este último, por la enorme cantidad de tejidos, colores y hechuras, con las que jugar cobra cada día más sentido.
    Antes de despedirme de vosotros hasta el sábado siguiente me gustaría conocer vuestra opinión de estos tres trajes de forma sencilla. ¿Con cuál de los tres os quedaríais? También podéis escoger una cosa de cada uno, aunque sí os agradecería saber cuál de los tres es el que en su conjunto más os gusta. O para aquellos a los que seguro no les gusta ninguno, saber cuál de los tres le disgusta menos; si es que hay alguno.

    El Aristócrata

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    Igual que hay relojes emblemáticos que los amantes de la alta relojería buscan conseguir, también hay zapatos que son considerados como modelos míticos y que los adeptos a la más exquisita zapatería saben identificar e incorporan a su armario. 

    1.El modelo William de John Lobb. Este modelo, diseñado a mediados del siglo pasado por el propio William Lobb y hoy producido en serie en sus instalaciones de Northampton, es sin duda el doble hebilla mas bonito y versátil de cuantos existen. Sin ser tan formales como el modelo Oxford, los zapatos de hebilla se encuentra un escalón en seriedad por encima de los derby. Si bien no muchos años atrás en el Reino Unido no estaba bien visto vestirlos con traje, hoy el doble hebilla, más tratándose del inconfundible William, es elegido como el modelo predilecto por los amantes de este tipo de zapato.
    2.El modelo 180 de JM Weston. El mocasín de la centenaria casa francesa vio la luz en 1946, convirtiéndose en los años sesenta en el zapato francés por excelencia y en todo un guiño distintivo de los jóvenes adinerados franceses. Aquellos jóvenes, entre los que se encontraban artistas, cantantes y rebeldes sin causa, vieron en el N. 180 el modelo con el que enfrentarse a los zapatos serios y de cordones de sus padres, llegándolos a vestir incluso sin calcetines, algo impensable en los ambientes más tradicionales de la época. Hoy, ya no solo inconformistas y niños de bien, sino todo amante de la historia de la zapatería reciente piensa en él cuando de hacerse con un nuevo modelo de mocasín se trata.
    3.El modelo Warhol de Berluti. Fabricados en Ferrara, Italia, este mocasín es de creación más reciente que el 180, pero también muy fácil de reconocer por su línea y su patinado en colores vivos e inusuales. Berluti es probablemente la marca que ha llevado la técnica del patinado a su cumbre más alta. Bastará salirse de la norma y sucumbir a su decolorado verde, lila, burdeos, azul o marrón para comprender porqué son únicos y tan especiales. Su puntera cuadrada contrasta con las líneas afiladas del resto del zapato. Sin lugar a dudas un zapato que te atrapa o te produce un enorme rechazo, pero que, en todo caso, es un must para los dandis amantes de los zapatos más exclusivos.  
    4.El modelo 6321 de Stefano Bemer. El zapato más joven de cuantos traemos a esta columna, no apto para aquellos que no les guste mezclar estilos o busquen la máxima sobriedad para sus pies. El 6321 es un modelo Oxford negro de horma clásica cuya montura está realizada en ante de color rojo, guiño perfecto para combinar clasicismo y contemporaneidad. Aunque debido a su popularidad ha sido replicado por otras marcas, su fina puntera redondeada, su preciosa línea y su exquisita terminación lo hacen fácilmente reconocible por el entendido.  
    5.El modelo Arca de Maison Corthay. Cuando todo parecía inventado, solo una mente revolucionaria como la del francés Pierre Corthay lanzaba al mercado un zapato de líneas no vistas hasta entonces. Un modelo derby de horma alargada con unas mínimas cordoneras para cerrar el zapato. Es de los pocos modelos hoy existentes que independientemente del color o de la piel utilizada se identifica fácilmente. De hecho, con esto presente, el Arca se realiza en múltiples tonos - el color es la nota más diferenciadora de su creador -, y en diferentes tipos de pieles, desde ante hasta terminación charol. 

    Con seguridad existen modelos de zapatos RTW igual o incluso más icónicos que los aquí mencionados, pero, por el contrario, no cuentan con la exquisita terminación artesanal y con la calidad de los materiales que estos emplean.

    Terminar apuntando que antes de que lo mencionéis la lista debería ser más extensa pero si yo sólo pudiera nombrar cinco modelos icónicos estos serían los míos. Dicho esto, estoy encantando de que quitéis y añadáis el que consideres oportuno. 

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    El pantalón aun siendo una prenda imprescindible en el traje no recibe la misma atención que la chaqueta. Esto es un hecho como demuestra que, en la mayoría de las sastrerías, tanto nacionales como internacionales, se externalice su confección. Tampoco el cliente le da toda la importancia que se merece; importancia que disminuye si cabe más de tratarse de un pantalón de sport que no pretende acompañar a corbata alguna.

    Sin embargo, el cliente cada día está más informado y pasa más tiempo en internet explorando aquellas cosas que le gustan. Hoy infinidad de plataformas tipo Instagram, Pinterest e infinidad de blogs ponen a su disposición cortes y detalles de pantalones hasta bien recientemente desconocidos. A pesar de insistirme constantemente gente del sector y patrocinadores de la importancia de formar parte de todas esas plataformas y redes sociales, soy rara avis y ni tengo, ni nunca he tenido Instagram, twiter, Facebook etc. Al parecer esto me está cerrando muchas posibilidades de expandir esta página, y finalmente mi nombre. Pero entre nosotros, no tengo interés alguno ni en tener “followers”, ni gente que de una manera u otra siga lo que me gusta o deja de gustar. Y no sé porqué, pero estoy convencido de que a la larga el ser un desconocido en estas plataformas será más una ventaja que un inconveniente.
    Precisamente por no seguir a tanto creador de tendencias que circula por la blogosfera, diseñé sobre papel el pantalón de sport que acompañó a la chaqueta Bentley en el reportaje de Fuera de Serie. 

    El pantalón está cortado teniendo en cuenta, obviamente, su claro carácter informal y pensándose en vestirse de una manera casual. Esto se nota en su pernera estrecha y en detalles como las pletinas frontales.  Aunque probablemente se pudiera pensar que no merece mucho la pena hacerse un pantalón de pana a medida, pues su resultado no diferiría mucho de uno bueno de RTW, la hechura y los detalles que se pueden incorporar podrían justificarlo. Y justificar además su sobreprecio. La hechura con los pantalones de sport es igual de importante que la de los de traje. O incluso pudiera ser más, pues partes de este, como el trasero, no quedan ocultas tras la chaqueta.  
    Como en las sedas, las cachemiras etc. hay panas y panas. Esta de Holland & Sherry tiene bastante cuerpo, es muy suave y no parece que fuera a perder su volumen rápidamente. El color se sale del típico beis aportando un nuevo color al armario de invierno. 

    Si el color no es muy frecuente, mucho menos lo es el forro interior, forro que llama la atención más en vivo que incluso en las fotos. Es el mismo forro el utilizado para forrar la cintura que el de los bolsillos laterales. El fajín del pantalón, aunque recuerde a los trajes de otra época, consigue una comodidad extra. Es como tener un plus que sostiene la barriga. Además, el tener varios puntos de sujeción, tanto los apliques metálicos como los botones del cierre y la bragueta dan la sensación de repartir el tirón por todos ellos. 
    Los bolsillos traseros son marca de la casa, consiguiendo una forma muy característica sello de Joaquín Fernández. Para ganar un poco de contraste Joaquín, cosió los ojales en un rojo que resaltaba suavemente sobre el granate del pantalón. La misma forma de las solapas de los bolsillos traseros la encontramos en el bolsillo cerillero frontal.  

    La cintura me parece de lo más interesante que me ha hecho Joaquín últimamente.  Bastante ancha, algo que también se traduce en un plus de comodidad, con una pletina corrida y con forma recta que luego se curva para terminar abotonada con dos botones paralelos. Una cintura como esta se merece mostrarla y no taparla con cinturón alguno. Por ello mismo, no cuenta con pasadores para él. No obstante, se han puesto dos grandes pasadores para proporcionar las dos curiosas pletinas. Y digo curiosas porque, en contra de lo que es lo normal, estas no aparecen ni en los laterales ni en la parte trasera. Por el contrario, aparecen en la parte frontal y sobre la propia cintura, y no debajo de esta como suele ser frecuente. 
    Todo en el pantalón está muy cuidado como demuestra la propia elección de los botones. Se escogieron de diferentes colores sin más propósito que buscar un bonito contraste de colores; contraste que por otro lado solo apreciará el propietario del pantalón.  Aunque quizás sea ahí donde resida el encanta del bespoke

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    ¡No os lo perdáis!

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    Conseguir una buena hechura está al alcance solo de sastres experimentados e incluso contar con uno no garantiza siempre un resultado óptimo. Igualmente, dar con las proporciones de solapas, largo de la chaqueta, diámetro de boca de pantalón etc. adecuadas a cada cuerpo tampoco es tarea baladí. Y lograr, además, que cada una de las prendas del conjunto - traje, corbata y camisa - aparezcan como si cada una de ellas se hubiera cortado pensando en vestirse solamente con las otras dos es algo bastante difícil. Sin embargo, cuando esto ocurre toca disfrutarlo:

    Tomemos como ejemplo la foto que encabeza el artículo y empecemos por la chaqueta. Todo su cuello está en contacto con el de la camisa, las mangas empiezan a caer donde terminan los hombros naturales del protagonista, y nunca más allá. Incluso con la chaqueta abotonada esta no muestra arruga alguna. Acaba justo a la altura de los nudillos y su extensión divide el cuerpo -de cuello a pies – en dos partes de igual longitud. Imposible adivinar camisa alguna entre la chaqueta y el pantalón, algo a lo que hoy poca gente presta atención. Las mangas caen sin producir arrugas, no son ni estrechas ni holgadas y su largo permite asomar el centímetro obligado de la camisa. Las solapas tienen la anchura necesaria para compensar el largo y afilado rostro del protagonista suavizándole ambas particularidades. Estas solapas tienen vuelo y no aparecen aplastadas por la siempre temible plancha. El protagonista utiliza guiños para acentuar su atura y cuerpo atlético. Además de, obviamente, escoger colores oscuros, oculta las solapas de los bolsillos del traje para conseguir esa limpieza de líneas responsable de alargar la figura. Prescinde prácticamente de las hombreras logrando unos hombros con una caída natural.

    El pantalón está igual de bien terminado que la chaqueta. En un momento donde los sastres lo externalizan, terminando este siendo cosido por alguien que nunca ha visto la chaqueta, se agradecen pantalones que, como este, guardan una total armonía con el resto del conjunto. Su talle es el correcto, recordemos que el pantalón se viste en la cintura y no en la cadera. Su caída no puede ser más limpia no produciéndose ni bolsas ni arrugas a lo largo de las piernas. La raya natural del pantalón está perfectamente centrada terminando en la mitad del zapato y pasando también por justo la mitad de la rodilla. Su largo es impecable. Como hemos apuntando en alguna ocasión, el lago debe tocar ligeramente el zapato, pero nunca descansar sobre él. Además, no se visualiza arruga alguna ni siquiera en contacto con el zapato. El dobladillo, así como su anchura, aporta un toque casual a todo el conjunto que concuerda muy bien con los guiños modernos del traje. 

    Lo poco que podemos ver de la camisa es suficiente para asumir que está hecha a medida. No se aprecia tampoco ninguna arruga, algo no tan fácil de conseguir de tener, como es el caso, la chaqueta cerrada y, mucho menos, de llevar tirantes. El cuello de puntas abiertas compensa la terminación afilada del rostro dando este la sensación de ser algo más ancho de lo que verdaderamente es. Los extremos del cuello quedan cubiertos ligeramente por las solapas de la chaqueta; algo esto también fundamental. 

    Los complementos están perfectamente escogidos tanto en color como en tamaño. Por ejemplo, la corbata tiene una anchura contenida, que no ridícula, muy correcta para las medidas de este torso. Y si esto es importante no lo es menos el nudo de la corbata. Si su asimetría le resta formalidad, su precioso hoyuelo, el disimulado brazalete y el bonito pañuelo de bolsillo ponen el broche final a un conjunto de traje chaqueta de medidas perfectas. 

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  • 03/18/17--12:06: EL FENÓMENO BESPOKE
  • Hace más de un año que no actualizo la pestaña de “lifestyle” contándoos cómo fueron mis conferencias. Pero lo cierto es que raro ha sido el mes donde no haya compartido con los amantes del buen vestir mi punto de vista sobre el mismo.

    En los últimos doce meses además de en Sevilla, Granada, Santiago, Coruña y Barcelona he participado en varias charlas en Madrid, ciudad donde hoy por hoy hay más adeptos a lo hecho a medida. Desde encuentros con los miembros de YPO, con clientes de boutiques de lujo o con amantes del bespoke en Clubs Privados, el año ha sido de lo más interesante. El año podría haber dado mucho más de sí, pero desde hace ya varios solo acudo a aquello que de verdad me interesa. A tenor de lo que nos espera en abril, charla en el Círculo Ecuestre de Barcelona sobre el cambio de tendencias en el vestir del ejecutivo y un simposio sobre el chaqué y el frac en un conocido hotel de Madrid, parece que queda patente el gran interés que hoy despierta en nuestro país la moda que aquí siempre hemos defendido: la atemporal y hecha artesanalmente; concepto muy diferente al de “pasado de moda”. 
    Hasta no hace tanto tiempo ir al sastre era más una necesidad que una opción, algo que empezó a cambiar con la llegada de la confección industrial. A partir de entonces visitar al sastre dejó de ser una obligación para convertirse en una opción relativamente inusual. Si en los años setenta sastres como Collado o los hermanos Mogrovejo vestían a lo más granado y entendido de la alta sociedad española, a partir de los noventa las marcas de moda de lujo se responsabilizan de los trajes de los personajes sociales más conocidos. Sin embargo, desde algunos años atrás esta situación ha dado un vuelco importante y las casas de ropa empiezan a dejar su lugar a nombres cuyo trabajo no se reconoce por un logo o unas iniciales sino por una hechura personalizada y por ciertos detalles de mano de obra marca de la casa. 

    Hoy, míticas sastrerías como Caraceni o Rubinacci vuelven a ser las que se encuentran detrás de los trajes de quienes durante años sucumbieron a las acertadas campañas de marketing de las marcas de ropa más exclusivas; que no por ello necesariamente elegantes. Quizás esta sea una de las razones por las que empresas como Dolce & Gabbana o Gucci empezaran unos años atrás a ofrecer también a sus clientes un servicio a medida; servicio, todo sea dicho, con resultados de lo más dispares. No deja de ser sorprendente que incluso futbolistas, gremio que no se caracteriza precisamente por su buen gusto en el vestir, hayan recientemente descubierto las enormes ventajas estéticas, y de estatus, de los trajes de sastre. Difícil sería recordar la elegancia de los actores de los años 30 y 40 -  David Niven, Cary Grant, Gary Cooper y un largo etcétera – sin la ayuda que les brindaron las mejores agujas del momento, algo que también empieza a calar en algunos actores internacionales (a los nacionales, salvo honrosas excepciones, parece que todavía no les ha llegado el momento). 
    Algunos sastres experimentan hoy una situación similar a la que vivieron los mejores cocineros hace quince años. Si aquellos dejaron de ser solo grandes cocineros para convertirse en estrellas que llenaban auditorios y portadas de revistas, los mejores sastres son ahora personajes populares que comparten fiestas y protagonismo con sus clientes más relevantes. Al igual que hoy los restaurantes estrellas Michelin se llenan de clientes de las más variadas y lejanas procedencias, las sastrerías más reputadas de Inglaterra, Francia o Italia ven como clientes rusos, americanos o asiáticos recorren miles de kilómetros para no fallar a la prueba de su traje. Si los cocineros más conocidos abren restaurantes con su nombre por medio mundo, los sastres viajan varias veces al año a las ciudades de sus clientes e incluso cuentan con espacios fuera de su país para facilitar el proceso de elección de tejidos y pruebas. 

    Y en mucho de esto tiene la culpa internet. Hoy internet, y más concretamente ciertos blogs, han llevado el nombre de legendarias sastrerías al conocimiento de medio mundo. Como bien apunta Lorenzo Cifonelli en el video que podéis visualizar en el margen derecho (a partir del minuto 7.20), lo bloggers han internacionalizado su sastrería y a ellos debe el enorme repunte de su sastrería y el que tenga hoy viaje por medio mundo atendiendo a sus clientes.
    Rara es la sastrería de prestigio que en fechas como Navidad no organice una fiesta donde acuden desde celebridades hasta sus clientes más fieles. Es un buen momento para identificarse y sentirse perteneciente a un grupo reducido y muy escogido. De hecho, algunos de estos sastres han ido más allá y han creado un Club alrededor del cual se celebran charlas de los temas más diversos, actividades deportivas y acciones sociales que sirven para acercarles la marca. A otros, como es el caso de Rubinacci, no le importa organizar la logística de tu desplazamiento a la ciudad de Nápoles, hospedarte en la mansión familiar y poner a tu disposición desde entradas para la ópera hasta reservados en los restaurantes más conocidos de la ciudad. Si la guía Michelin convirtió a cocineros en chefs, internet y las redes sociales han transformado a los mejores sastres en empresarios.

    En el próximo capítulo hablaremos de cinco sastres, todos ellos internacionales, a cuyas tijeras se entregan hoy los paladares más exigentes y los bolsillos más pudientes; cinco sastres que bien podrían albergar las estrellas Michelin de la más exquisita elegancia atemporal. 

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    Los hay que prefieren la cocina vanguardista de Eneko Atxa o la más comedida de Juan Mari Arzak, pero, sin embargo, tanto unos como otros estarán de acuerdo en que ambos nombres forman parte de lo más granado de la cocina mundial. Los números clausus no suelen ser compartidos, ni tienen por qué serlo. Sin embargo, sobre lo que no hay duda es que los cinco sastres que hoy traemos a esta página representan la más alta cocina de la sastrería mundial.

    - Anderson & Sheppard.
    Casa inglesa fundada en 1906, ha vestido a los hombres y mujeres más elegantes del planeta. Desde a Gary Cooper, Cary Grant, Fred Astaire, Evelyn Waugh o Charlie Chaplin hasta a la propia Marlene Dietrich. Hoy es quien está detrás de los mejores trajes cruzados del Príncipe Carlos. Su estilo está a medio camino entre la rigidez del traje inglés y la informalidad del napolitano. El mítico cortador John Hitchcock fue hasta 2014 el responsable de esos hombros sin apenas hombrera, de la chaqueta con apenas entretela, con bastante pecho y del clásico corte “drape cut” que define el estilo de la casa. A partir 5.000€.


    - Cifonelli.


    “Podría reconocer un hombro de Cifonelli desde cien metros”. K. Lagerfeld. Mientras los sastres ingleses ponen sus esfuerzos en dar vida al traje de medidas perfectas y los italianos buscan con su trabajo conseguir un cliente más atractivo, los franceses persiguen marcar con su imponente traje la presencia de quien lo viste. Lorenzo y su primo Massimo representan la cuarta generación de la saga sartorial francesa más respetada; una saga formada en Roma, Londres y París. Su diseño reinventa constantemente los detalles más artesanales de los años 30, unas sisas muy altas, unas hombreras con un visible “chorizo”, una fuerte construcción y una hilera 6x1 son alguno de sus sellos distintivos. A partir de 6.000€.


    - Augusto Caraceni (A. Caraceni).

    El conocido como padre de la sastrería italiana, Domenico Caraceni abrió su primera sastrería en Roma en 1913 siguiendo los pasos de su padre Tommaso. Su hijo Augusto en 1930 se muda a Paris, por entonces la capital indiscutible de la moda mundial, para terminada la II Guerra Mundial abrir su mítica sastrería de Milán desde donde Rita Maria, cuarta generación, continua hoy la saga. Humphrey Bogart, Cary Grant, Yves Saint Laurent o Gianni Agnelli son solo alguno de los nombres que se dejaron seducir por su traje cruzado, la pieza más emblemática de la casa. Solapas anchas, hombro de caída natural sin apenas redoble y una chaqueta corta que se quiebra en la cadera son notas de la casa. A partir de 4.800€.


    - Mariano Rubinacci.

    Gennaro, padre de Mariano, funda en los años 30 junto a Vicenzo Attolini, la conocida “The London House”. Ambos sastres crearon el ya mítico traje napolitano, traje que se distingue fácilmente por su famoso “hombro camisa”, hombro sin redoble alguno similar a de una camisa. Un traje pensado en sus orígenes para vestirse fuera de la oficina y donde la ausencia de entretelas y una construcción mínima dan lugar a un traje totalmente desestructurado y ligero que puede ser transportado en una sencilla caja de zapatos. A partir de 5.150€ (incluida estancia de seis noches en Casa Rubinacci, tiempo necesario para poder volver a casa enfundado en tu nuevo traje).


    - Antonio Liverano.

    Antonio y su hermano Luigi empezaron con escasos diez años a aprender el oficio en Puglia, para en 1960 asentarse con su propia sastrería en Florencia. Su estilo sigue las líneas del estilo florentino, estilo caracterizado por un hombro natural de gran diámetro, una construcción muy ligera, unas solapas anchas, un bolsillo bajo de pecho y una chaqueta corta cuyo frontal con forma redondeada se abre de manera llamativa en su mitad inferior. Las notas que introduce Liverano al estilo florentino le sirven para justificar a sus clientes un año espera. A partir de 4.700€.

    PD Para los "quisquillosos": en ningún momento digo que estos cinco sastres sean los mejores. Me limito a apuntar que desde mi punto de vista son los más conocidos a nivel mundial. Os recomiendo ver el vídeo de la semana donde se explica la diferencia entre un traje de 500$ y uno de 5.000$.

    El Aristócrata

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    Que el calor es el mayor enemigo de la elegancia es algo que dejó hace tiempo de ser solo una opinión para pasar a ser una realidad fácilmente contrastable. Bastará pasear por cualquier calle de nuestra geografía nacional para comprobar cómo conforme aumentan las temperaturas el código de vestimenta se relaja hasta puntos insospechados. 

    La búsqueda de la comodidad hace que en estas fechas se empiece a dejar de prestar atención a normas que sólo unas semanas atrás parecían de obligado cumplimiento. Sin embargo, también en primavera se puede encontrar un enorme elenco de prendas, tejidos, estampados y colores para, además de seguir disfrutando del día a día con elegancia, hacerlo también con frescura.
    La entrada de la primavera nos recuerda que ha llegado el momento de cambiar nuestras abrigadas prendas de invierno por otras más frescas y alegres. Es precisamente la alegría de esta estación la que debe animarnos a dejar progresivamente de lado los tonos más oscuros y dar entrada a otros más vivos. El colorido de la primavera unido a las agradables temperaturas y a las muchas horas de luz de las que ya disfrutamos debería animarnos a guardar nuestros trajes de invierno y abrir las puertas de nuestro armario a la nueva temporada.

    Para ello nada mejor que apostar por trajes de tejidos frescos donde aparezca la lana mezclada con vicuña, lino, alpaca o seda. Las conocidas como lanas frías además de caracterizarse por su gran traspiración permiten jugar con estructuras menos armadas donde se prescinde de voluminosas hombreras, entretelas y forros. Estos trajes desestructurados dan como resultado una prenda menos pesada, más desenfada y sobre todo mucho más fresca y estilosa. 
    Transmitir a la ropa las particularidades de cada estación resulta fundamental para vestir de manera elegante todo el año. Para ello disfrutemos del colorido y alegría de la primavera y demos una oportunidad a tonos alejados de los clásicos azul marino y gris marengo. Apostemos por los colores beis o azul claro sin olvidar que también los tonos pastel son una más que interesante opción a considerar. 

    El relajamiento que se da en estos meses recibe de buen agrado la gran diversidad existente de tejidos de sport de entretiempo. Es el momento de combinar chaquetas de estilosos estampados, como los cuadro ventana, con pantalones lisos. Las chaquetas de sport color lila, verde, azul o, por ejemplo, rojo mate son perfectas para disfrutar con estilo de la luz de esta estación. Es precisamente el relajamiento de esta época la que hace que los trajes conocidos como dos piezas – un pantalón y una chaqueta de diferente color - vayan ganando espacio al clásico traje de chaqueta. 
    Estos conjuntos permiten además dar entrada a estampados y colores difíciles de imaginar en un traje de chaqueta. En la ropa de sport los jerséis de lana oscuros dejan paso a los de punto de tonos vivos y los pantalones de colores próximos al calabaza o azul claro y de fino algodón toman el lugar que en invierno ocupaban los más abrigados y oscuros. Los colores de las camisas se harán ahora más vivos, sus diseños más atrevidos y poco a poco el lino empezará hacer su aparición. 

    En primavera los modelos de zapatos, al contrario de lo que sí ocurre con el resto de prendas del atuendo masculino, serán muy similares a los que se han vestido en invierno siendo todavía obligatorio el uso de zapatos de cordones o de hebilla. Sin embargo, no nos equivocaremos si apostamos para ellos por colores algo diferentes como el vino, el marrón claro o incluso el azul mate. 
    Con los conjuntos de dos piezas sí se podrá disfrutar de la mayor frescura de los mocasines y cuando las temperaturas aumenten, y durante nuestro tiempo de ocio, no deberíamos privarnos de la comodidad de unos buenos gominos olvidándonos incluso de usar con ellos calcetines. Por el contrario, es importante recordar que, modas aparte, el calcetín es de todo punto obligatorio con cualquier conjunto de corbata. 

    Cerciorémonos de que en los complementos también se note la llegada de la nueva estación. Tanto en la vestimenta de traje como en la de sport evitemos los calcetines de lana y sustituyámoslos por unos de fino algodón. Demos rienda suelta a nuestra imaginación y juguemos con divertidos estampados cuando la ocasión lo permita. Las corbatas de punto de seda deben ya ocupar el espacio dejado por las de lana, los gemelos se llenarán de color y de diseños alegres y los pañuelos de bolsillo de cachemira habrán dejado su lugar a los de lino y seda con detalles en verde, violeta o rojo. 
    Una bonita pashmina de lino además de protegernos en las todavía frescas noches de mayo pondrá el broche de estilo tanto a los conjuntos de corbata como a los de sport. Y para las horas más frías nada mejor que los tan actuales acolchados sin mangas. El hecho de poder prescindir del abrigo se presenta como el guiño perfecto para introducir todos esos objetos que llenan nuestras manos disfrutando de los tan estilosos bolsos de mano que hoy fabrican las mejores casas de piel.

    Con las terrazas de verano abriendo ya sus puertas y las largas noches de asueto que tenemos por delante no parece que debiese existir excusa alguna para no sacar del armario las prendas más frescas y estilosas y disfrutar de la que para muchos de nosotros es la época más alegre y divertida del año.

    El Aristócrata

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  • 04/08/17--08:28: LA PRUEBA EN FALFA
  • Dice el refranero que cada maestrillo tiene su librillo. Y esto también aplica a la sastrería y a los diferentes métodos utilizados para llegar a un mismo fin: una buena hechura.

    Dejando de lado la sastrería industrial donde se adaptan patrones estándares a diferentes fisionomías, en la sastrería tradicional se busca conseguir una hechura única para cada cliente. Esto se consigue principalmente a través de dos métodos: o bien realizando un patrón determinado por cada cliente o bien saltándose la realización del patrón, probando primeramente “en falfa” para a continuación hacer la prueba del hilvanado. Hay también sastres que prefieren saltarse también la realización del patrón y marcar directamente sobre la tela las medidas del cliente.
    De justicia es admitir que la prueba de patrón es lo más purista y lo más extendido en las más conocidas sastrerías. Esto garantiza al cliente el contar con trajes muy similares a pesar de que cambie el personal de la sastrería o incluso el propio cortador. Además, evita al cliente tener que tomársele medidas cada ve que quiera una nueva prenda, limitándose este a solo escoger la tela. Igualmente, le permite al sastre ir sobre seguro, no correr riesgos y saber que vas a dar con el corte y las medidas del último traje. También permite hacer sobre dicho patrón las modificaciones que el cuerpo del cliente reclame con el paso de los años y no correr excesivos riesgos con cada nuevo traje. 

    En la prueba en falfa por el contrario no se realiza patrón alguno, el cual es sustituido por una prueba inicial donde se ajusta dicha prueba a las medidas del cliente. Básicamente lo que se hace es hilvanar las costuras de la prenda pero sin contar todavía con entretelas, forros, solapas etc. Una vez afinada la prueba se suele utilizar esta como patrón. Es decir es esta prueba, prueba que normalmente se hace con una tela barata ya que se suele luego tirar, la que se utiliza de patrón y se sobrepone sobre la tela definitiva. Una vez sobrepuesta, se corta siguiendo sus medidas la tela definitiva. Esta prueba tiene igualmente sus ventajas ya que por un lado permite al cliente contar según le guste en cada momento con un traje de una hechura diferente, y por otro otorga rapidez en el proceso.
    He tenido la suerte de contar con trajes cortados siguiendo el modelo de uso de patrón y el de la prueba en falfa y sinceramente no tengo una opinión sobre qué técnica consigue mejores resultados. Es más me atrevería a decir que si lo que buscas es conseguir que tus trajes se parezcan lo más posible la realización del clásico patrón puede ser la mejor fórmula. Si por el contrario eres de los que prefieren a cada traje incluirle una nueva hechura – un nuevo largo de la chaqueta, unas solapas más anchas, un pantalón más estrecho etc. – probablemente esta prueba en falfa sea más recomendable. Dicho esto, como digo, a tenor de los resultados de una y otra técnica no veo que una consiga claramente unos beneficios estéticos mejores. 

    D. José María Reillo me ha hecho trajes con patrón y en falfa y en su caso tampoco me atrevería a decir qué trajes me han gustado más. Según sus palabras, si tengo tiempo y no me importa acudir a la sastrería a probarme un par de veces más, él prefiere, al menos en mi caso, probarme en falfa; entre otras cosas porque avanza más rápido y evita sorpresas por mi continuo cambio de peso según la temporada de entrenamiento en la que me encuentre. También debo decir que cuando por motivos de trabajo he estado larga temporadas lejos de casa, mis trajes los ha hecho siguiendo el patrón que tiene actualizado de mi en su sastrería. 
    Otra de las cosas que tampoco hace D. José María es realizar esta prueba con una segunda tela. Directamente utiliza la tela final para confeccionar esta prueba. En sus propias palabras: “si después de cincuenta años de profesión necesito una segunda tela para evitar equivocarme mal vamos”. Precisamente para no equivocarse marca innumerables ajustes a realizar. El tiempo utilizado en esta prueba es incluso mayor que en el de la primera prueba de hilvanado clásica. 

    Con la tela puesta se define la altura del talle, del botón central, del largo de la chaqueta, las mangas…Se inserta la hombrera y se ajusta el hombro, se define el ajuste de la espalda y la altura de los bolsillos se termina de definir. Después de esta prueba se arma la chaqueta y se va directamente a la segunda prueba, prueba donde la chaqueta está ya muy avanzada y ajustada en medidas. No obstante, esta prueba la veremos en unas semanas y así poder vosotros mismos juzgar sobre si esta prueba consigue el objetivo final; porque en lo que sí estaremos de acuerdo es en que al menos en el caso que nos ocupa lo importante no es el camino que se recorre sino el resultado final de ese camino. 
    PD Esta semana estaré de vacaciones por lo que pido disculpéis mi ausencia hasta el próximo sábado 22. 

    El Aristócrata

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    Ya de vuelta de una semana de descanso reconozco que enfrentando los últimos metros antes de llegar a casa y viendo cómo el pulsómetro se acerca a la FC max considerar deporte al juego que practican a pocos metros de mi resulta complicado. Sin embargo, lo que no puedo negar es que la ropa para de golf es, o al menos fue, mucho más elegante que el culote o las mallas con las que esos jugadores me ven pasar a su lado. 

    Para entender el código de vestimenta del golf toca remitirse a los orígenes de este deporte. Volemos a la Escocia de comienzos del S. XX y observemos como el conjunto formado por chaqueta, corbata, gorra y pantalones knickers, todo en tweed, es el atuendo preferido por los jugadores de entonces. 
    En ningún otro deporte el carácter formal de su indumentaria y la rigidez de sus normas ha marcado la propia evolución del mismo. De hecho, siempre se ha dicho que el swing de golf evolucionó en sus albores muy condicionado por la estrechez y rigidez de las prendas utilizadas. Aunque hoy la ropa técnica ha ganado la batalla a la elegancia de entonces, la etiqueta que subsiste en algunos clubs de las islas británicas y de la Europa continental, sigue imponiendo el uso de corbata en todas sus instalaciones, salvo vestuarios y recorrido de juego. 

    El cambio empieza a observarse con la marcha de jugadores británicos a Estados Unidos a comienzos del S. XX. Fue entonces cuando llegaron los famosísimos Harry Vardon, James Braid, Ted Ray etc. quienes se encontraron con un clima asfixiante en las costas de Florida y California y aun así intentaron mantener sus cánones de vestimenta, chaqueta y corbata siempre presente, pero utilizando telas más ligeras. Sin embargo, es con la llegada de los jugadores norteamericanos a las islas británicas cuando se produce el gran cambio ya que, si bien la corbata se mantiene, estos prefieren el cárdigan de cachemir frente a la chaqueta. Fue concretamente Walter Hagen, el Eduardo VIII del golf, quien con esta prenda y la incorporación de colores firma la defunción de la indumentaria de golf más clásica. 
    Los años 30 ven como los circuitos profesionales empiezan a abandonar el uso de la corbata aun cuando a los jugadores aficionados se les concede relativa libertad para vestir como deseen. Pantalón largo, camisa con cuello de manga corta, jersey, zapatos de clavos blancos o bicolor forman el kit del nuevo jugador. La gorra abandona también dichos circuitos, su último referente fue Ben Hogan, sustituyéndose por la “baseball cap”. Si los tonos pastel de Walter Hagen marcaron una época, no menos lo hicieron los colores brillantes de Doug Sanders, jugador de los años 70 quien se hizo famoso, además de por fallar un putt de 40 centímetros y perder el abierto británico, por tener trescientos pares de zapatos con la combinación de colores más variada y llamativa. 

    Si la evolución en colores y patrones ha sido muy destacada en el último siglo, más lo ha sido si cabe la composición de las prendas. Atrás quedó la lana, siendo hoy las fibras sintéticas las que se han ganado el aplauso de los golfistas. El concepto que ahora prima es el conocido como “multilayer”, es decir, una combinación de prendas muy ligeras superpuestas que permiten la modulación de las mismas en función de la evolución de la temperatura ambiente. Por su parte, los zapatos han evolucionado desde los primeros modelos de cuero rígidos y con clavos hasta un formato mucho más cómodo que propicia una tracción igual de eficiente pero mucho más ligera. 
    Sin lugar a dudas una evolución que agradecerán los más profesionales pero que los amantes de la estética y de la tradición seguramente no vean con los mismos ojos. 

    El Aristócrata 

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    Las últimas semanas han sido bastante intensas en cuanto a charlas y actos relacionados con el mundo del lujo, premio por medio incluido.

    A pesar de que la calle demuestra la falta de interés por vestir de una determinada manera, y esto es algo que ocurre también fuera de España, la realidad es que hay un porcentaje de población que cada vez se siente más atraída por la ropa a medida y la vestimenta clásica. Pasados los excesos del boom económico, este también tuvo un importante impacto en la forma de vestir de la década pasada, desde hace ya un tiempo se vuelve sobre los principios más básicos del buen vestir.

    Prueba de ello fue el cartel de aforo completo que se colgó para la charla que sobre la ropa formal di en el hotel Only You de la calle Barquillo de Madrid. A pesar de que la asistencia era exclusivamente por invitación, cursada por el suplemento del periódico Expansión Fuera de Serie, todos los asientos se ocuparon y mucha gente tuvo que escucharme desde el pasillo que daba acceso a la misma. ¡Y eso que iba a hablar del frac, el chaqué y el esmoquin!. Pues aún así nadie se movió de su silla en las más de dos horas que duró la charla y las preguntas posteriores. Y después seguimos una hora larga charlando ya con copa de vino en la mano.
    Para entrar en ambiente vestí de esmoquin, de la familia Calvo de Mora, y decoré la charla con diferentes chaqués, esmóquines y fracs que muy amablemente me dejó la sastrería Sánchez Caro. Sobre estos sus maniquíes traté de explicar de manera amena las particularidades de cada uno. Desde cuándo vestirse, su corte correcto, los complementos que vestir con cada uno de ello etc. Podéis ver un resumen y un video en el siguiente link: http://www.expansion.com/fueradeserie/moda-y-caprichos/2017/04/24/58fdb51222601dd0318b45c4.html 

    Días después acudía como nominado a los ya consolidados, son nueve ediciones,  Premios Elegantes de Santiago de Compostela que organiza el periódico El Correo Gallego. La mayoría de los nominados son personas locales por lo que no siendo gallego me hizo particular ilusión ser uno de ellos. Concretamente me nominaron, junto a otros cinco candidatos, en la categoría de “Cultura y Comunicación”. Y para mi surte resulté el elegido.
    En mi corto agradecimiento, además de corresponder a la ciudad de Santiago su bonito detalle, dediqué el premio a los sastres de España. Concretamente, creo recordar – siempre que hablo suelo improvisar – que dije algo así: “me gustaría dedicar este premio de la elegancia a todos los sastres de España, a quienes esta palabra les debe mucho. Son sus creaciones las que la elevan a su máxima expresión y las que nos permiten seguir disfrutando de un arte tan escaso como único. Para que esta profesión no se pierda y siga acuñando los compases de la elegancia atemporal, dejémonos caer por sus talleres y saboreemos, aunque sea al menos una vez en su vida, uno de los oficios con más tradición del mundo”.

    Algunos días después departía con miembros de YPO, una asociación a nivel mundial cuyos miembros son Presidentes, CEOs, o Directores Generales, menores de cuarenta años. La temática no fue otra que la importancia de la moda, y la ropa en general, en las relaciones personales y profesionales. Fueron dos increíbles horas en las que se puso de manifiesto la importancia de vestir de determinada manera para expresar no solo el mejor mensaje personal sino también la imagen de cada empresa. 
    Semanas después acudía a Barcelona, concretamente al Círculo Ecuestre, para hablar junto a Fabrizio Ferraro, profesor de estrategia y responsable del Curso de Moda y Lujo del IESE, sobre la vestimenta en el mundo de la empresa. Tras una amena cena, departimos sobre la posibilidad real de que la corbata terminara, en un medio plazo, desapareciendo en el nuevo contexto empresarial. Si bien coincidimos en que siempre habrá público para este complemento también lo hicimos sobre caída de popularidad.

    Más concretamente hablamos sobre el reto que supone vestir correctamente sin el uso de la misma. Muchos somos los que pensamos que vestir elegantemente es relativamente sencillo de hacerlo correctamente de corbata. Sin embargo, es mucho más difícil de tener que escoger, y combinar acertadamente, todo un conjunto de sport.

    Este encuentro organizado por la que sin duda es la mejor tienda multimarca de España, y una de las mejores de Europa, Santa Eulalia, puso de manifiesto el reto que supone vestir hoy en día y no errar en la elección de la vestimenta se acuda a una cena vestida, a un restaurante o a un encuentro donde no se sabe con exactitud el tipo de atuendo con el que acudirá el resto de invitados. Aunque este escenario que deja la corbata guardada en el armario sin duda no es el que muchos desearíamos, es una evidencia de que la popularidad de la corbata difícilmente volverá a ser la de antaño. De hecho, las tres últimas asesorías de imagen que he realizado han sido a personas que han vestido corbata prácticamente todo el día y que ahora cada vez con más frecuencia, sobre todo en las reuniones y cenas “de amigos” les piden acudir sin ella. 
    A pesar de lo que se pueda pensar, se puede ser perfectamente elegante sin corbata. Solo hace falta tener cierto gusto y saber mezclar prendas más serias con pantalones y zapatos algo más informales. Obviamente, colores, texturas y complementos deben ser también tenidos en cuenta. Quizás en otro capítulo podríamos hablar de las múltiples opciones que tenemos.

    Estas charlas demuestran que vuelve a haber un gran interés por el  saber vestir. Sean aquellos que quieren conocer cómo haceelo correctamente de frac o de chaqué o los que necesitan profundizar en cómo hacerlo de sport, lo que parece claro es que la dejadez en el vestir vivida años atrás ha conseguido que la una parte cada vez más importante de la sociedad se interese nuevamente por el buen vestir. 

    El Aristócrata

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    Aunque ya son varias las semanas que lleva este dos piezas en el armario, no he podido hasta hoy sacar las fotos que acompañan este reportaje y muestran el trabajo del sastre de Valls. 

    En algún artículo hemos comentado la proliferación en los últimos tiempos de sastres jóvenes, y no tan jóvenes, que han relanzado una profesión algo olvidada. Obviamente entre todo este nuevo elenco de profesionales encontramos desde meros vendedores, tomadores de medidas, mostradores de telas hasta sastres de verdad y de pata negra. Obviamente, también entre estos últimos encontramos diferentes niveles y es el gusto, y por supuesto el bolsillo, el que hará que el cliente se decante por uno u otro.
    De lo que no cabe duda es que la llegada al mercado de nuevos nombres, nuevos tipos de “sastrería” beneficia al cliente final. Este tiene más entre lo que elegir y, lo que no es menos importante, un amplio abanico de precios sobre los que pensar. Esto que pasa en todos los sectores no era tan extendido en el gremio de la sastrería donde básicamente encontrábamos dos tipo de sastres, aquellos cuyos trajes valían entre 1.800€ y 2.200€ y otros, los menos, entre 2.500€ y 3.000€. 
    La enorme competencia que existe en otros productos permite al consumidor escoger entre una enorme gama de ellos y a precios cada vez mas competitivos. Por ejemplo, hoy comprar un coche, independientemente de que sea de gama alta, media o baja, no es tarea sencilla por tener un gran número de modelos entre los que escoger. Igualmente, si antes la diferencia entre un coche de gama alta y otro de gama media era muy clara, hoy ya no resulta tan difícil justificar la compra de un coche de gama media frente a uno de gama alta pues las diferencias de calidad se han reducido mucho. 
    Y en la sastrería pasa esto hoy más que nunca. Obviamente, al igual que ocurre con el amante de los mejores automóviles, el entendido encontrará motivos más que fundados para acudir a la más alta sastrería y pagar por ella un elevado precio. Dicho esto, también habrá mucha gente que prefiera distribuir sus ingresos entre diferentes caprichos y prefiera hacerse con un buen traje pero de menor precio. También los habrá quienes siendo amantes de este arte no pueden permitirse comprarse de entrada un “Rolls” y no por ello renuncian a vestir un traje a medida. E igualmente encontraremos a personas que prefieran hacerse con dos buenos trajes artesanales que con uno excepcional. ¡Al final todo es cuestión de preferencias… y de bolsillo!. 
    Benet, viene a llenar un hueco que no existe en nuestro país. Esto es, un sastre que hace enteramente el traje a mano y que cobra un precio por su trabajo francamente competitivo, 1.800€. Y además una de las cosas que diferencia su trabajo es que el traje está enteramente confeccionado en su taller de Valls y únicamente lo tocan sus manos. Ni la prueba se monta fuera, ni los picados los da una oficiala y ni siquiera los pantalones los hace una pantalonera. Todo absolutamente toda la prenda la hacen las manos de Benet y todo en su taller. Si lo normal en muchas sastrerías de Madrid es que las solapas se piquen a máquina, a no ser que el cliente indique lo contrario, Benet pica todas ellas a mano, entre otras cosas porque nunca ha visto esa máquina ni en el taller de su padre ni en el de su abuelo, y porque considera que esta máquina solo industrializa el traje. 
    Indudablemente el que Benet haga enteramente la prenda no tiene porqué ser de entrada una ventaja. En los mejores talleres de Savile Row cada oficial está especializado en una parte de la prenda – quien sabe si para evitar que les resulte sencillo salirse de la sastrería y montarse por su cuenta – y los resultados son excepcionales. En muchos campos la especialización suele dar resultados excepcionales aunque reconozcámoslo: el saber que tu prenda ha sido elaborada en su totalidad por la misma persona tiene algo de romanticismo. 
    No es motivo de este artículo, pero uno de los inconvenientes de aquellas sastrerías que no cuentan con taller propio, o que externalizan parte del trabajo en talleres que dan servicio a diferentes sastrerías, es que tu traje puede llegar a ser muy parecido al de estas otras sastrerías. ¡Y quién sabe si has pagado por él el doble que el cliente de la sastrería de al lado!.
    En Benet encontramos un sastre de lo más cercano, sin pretensiones de ningún tipo, un sastre que ve su oficio como la profesión que le permite ser libre. No busca presumir de hacer 300 trajes al año, sino los suficientes (solo hace 15) para que le sigan permitiendo cada tarde irse con su hija a la montaña y disfrutar de la naturaleza. No le llaman la atención ni los clientes con títulos nobiliarios, ni los políticos ni escucha a los personajes del corazón a los que a cambio de vestir sus trajes debe darles el traje. Prefiere la gente a la que le gusta arriesgar que los clientes serios que no se salen de los cortes y tejidos más estándar. Su concepción de la sastrería es tan personal que solo tiene un muestrario: el de Holland & Sherry. Según él: “si tengo a los mejores y con los que trabajo fenomenal para qué complicarme”.
    No le gustan los clientes que vienen con prisas y raro es con quien o no ha comido o al menos tomado un café. Es meticuloso en su trabajo hasta rozar lo enfermizo y no para hasta ver, por ejemplo, como los diseños casan o como sus ojales van adquiriendo la forma que gusta al cliente. Y algo muy importante y escaso en esta profesión: es muy humilde. Y humilde de corazón. Ni se considera nadie en esta profesión, ni piensa que su trabajo sea especial. Es más, como anécdota contar que en una de las pruebas en Madrid fue a visitar a Daniel Schleissner y a José Alonso y se quedó maravillado del increíble nivel de su trabajo. De hecho, como él mismo reconoció no le hubiera importado quedarse una temporada aprendiendo allí con ellos. ¿Conocéis algún sastre de Madrid con años de experiencia que reconociera su trabajo como inferior y se ofreciera a hacer de pasante de otro sastre más avezado para evolucionar su trabajo? Yo no. 
    A pesar de las cualidades de Benet, también hay cosas que seguro podría mejorar. Por ejemplo, su aspecto poco sastrero. Aunque él deja siempre claro que no es el típico sastre de Madrid, viste más pensando en él que en su clientela; algo por otra parte también es bastante común en los sastres de la capital. Seguro que Benet ganaría clientes, sobre todo fuera de Cataluña, de vestir con tejidos más atrevidos y cortes más actuales. Es cierto que estos se los hace a sus clientes, pero una de las cosas en las que nos fijamos los clientes que acudimos por primera vez a una sastrería es en la forma de vestir de quien nos hará el traje. ¿Me gustaría vestir como él? ¿Me gusta su estilo? Si bien pueden convencernos de ser capaces de hacer un tipo de corto u otro, no hay nada como ver el que te gusta delante de ti. 
    Una de las ventajas de los sastres más internacionales es que ven clientes con infinidad de estilos y prendas. Esto les permite estar siempre al día de lo que se está llevando, y lo que es mucho más importante, también de las diferentes técnicas sartoriales. El ceñirte siempre a la misma clientela o a un lugar geográfico concreto dificulta avanzar en estilo y técnica, con el peligro de creer que todo ya lo sabes, cuando la realidad es que hay mucho mundo ahí fuera pero que desconoces que existe. Y esto es algo que no solo pasa en la sastrería sino también en muchos otros campos. 
    Benet puede que no consiga acertar al 100% en tu primer traje pero también es cierto que rematará tus deseos en el segundo, teniendo ya un sastre 100% artesanal, acorde solo a tu estilo, a un gran precio y para siempre. 
    Os recomiendo que analicéis las fotos que acompañan este artículo y observéis el meticuloso trabajo a mano realizado en el traje. El estampado de Holland & Sherry no es para nada fácil de casar por su pequeño tamaño y aún así se ha conseguido. El trabajo interior es de primera calidad – obviamente la etiqueta necesita una clara actualización y me consta que Benet ya está en ello – pero el resultado del conjunto es francamente artesanal. La construcción de la chaqueta tiene muchas horas detrás y los detalles se han cuidado mucho. 

    La chaqueta es algo más corta que otras que os haya podido enseñar aunque tampoco la formalidad de este dos piezas es igual al de un traje formal entero. Es un tejido y una chaqueta que se puede vestir también con unos sencillos vaqueros. Quizás, de hecho, esta sea la combinación más frecuente con que la vestiré. Seguramente una vestimenta más formal reclamaría una chaqueta con unas solapas algo más anchas y pronunciadas, un talle un poco más bajo y una caída algo diferente. 
    En las fotos se pueden observar los detalles de la colocación de la tapa del cuello, donde Benet decidió en esta ocasión cortarla al bies y cayendo el dibujo en forma de triángulo equilátero a ambos lados. Esto hace que se aprecie una espiga que estiliza la zona del cuello observándose el cosido manual con punto de cruz. En el bolsillo de pecho se han cuadrado todas las líneas y los bolsillos interiores no son de vivos, sino que están hechos con dos trozos de tela con costura en el centro, algo que ayuda a que el grosor de las telas sea menor. Aquí también se ha jugado con que las líneas del dibujo con las vista sea regular. El último botón de la manga lo cosió con hilo rojo, algo que personalmente no me gusta pero que lo podemos considerar como una "licencia del autor". 
    El hombro lleva una hombrera rebajada y se aprecia un mínimo de “butifarra”, algo que le gusta a Benet y a mi no me disgusta. “Para el tipo de hombro de José María resulta más estético poner una hombrera muy pequeña y así reflejar con naturalidad la auténtica caída de su hombro". Al estar tan poco armada, la chaqueta es de una gran comodidad además de ligera. De hecho, a pesar de ser un tejido algo pesado, su ligereza hace que el otoño sea la mejor estación para esta chaqueta. “Por muy bonita que parezca la chaqueta, si el cliente no se encuentra cómodo con ella no se la pondrá. Y la experiencia me dice que terminamos vistiendo mucho más las prendas ligeras que las armadas”. 
    El pantalón destaca en primer lugar por su color. Un azulón de Holland que añade un toque diferente al conjunto y que se sale del típico azul marino. También pienso que debido a su color y a su corte se puede vestir con una sencilla camisa y un jersey – en este caso el ajuste conseguido con los tirantes deberá dejar su lugar a un ajuste con pletinas.  Veremos…
    La caída es buena aunque no perfecta. El hecho de que la propia tela no pese mucho, no estar forrado y terminar en una boca estrecha hace que se formen arrugas en la rodilla. Pero ojo, esto le pasa no solo a los pantalones de Benet sino a quien decida cortarlos así. Muslo ancho-rodilla pequeña-gemelo ancho-boca pantalón estrecha = arugas en el paso de la rodilla. Dándole un poco de diámetro en la rodilla se puede disimular este efecto.
    La cintura sí escogí la que más me gusta. Esos centímetros más de ancho aportan una comodidad extra al abrigarte más, sobre todo de no usar, como es mi caso, cinturón. El trasero es bastante limpio sin solapas de bolsillo. Precisamente esta es una de las nota características del trabajo de Benet, la sencillez. En sus propias palabras: “intento que el minimalismo esté cada vez más presente en mis creaciones. Me gusta combinar el buen trabajo con la simplicidad. Ello ayuda a que el cliente se sienta mucho mas cómodo y los detalles superfluos no impidan ver reflejada su auténtica personalidad”. Como sorpresa, Benet me hizo a medida una gorra con el mismo tejido que la chaqueta y el pantalón.
    Me comenta Benet que desde la aparición de su trabajo en esta página ha recibido varias visitas y ganado clientes. Clientes, sobre todo catalanes, que a lo mejor nunca pudieron imaginarse hacerse con un traje artesanal o bien por no podérselo permitir o por no saber de la existencia de Benet. Los que vivimos en Madrid tenemos la gran suerte de poder escoger entre diferentes sastres, sin embargo en otros lugares de España, incluida Cataluña, la oferta es muy escasa. Y Benet ha venido a llenar un hueco siguiendo una saga familiar de tres generaciones de sastres y sin mentiras en su trabajo. Un sastre 100% artesanal que esperemos no le cambie ese futuro prometedor que tiene por delante y siga con la misma filosofía de vida tanto profesional como personal. 

    PD Las fotos fueran hechas en casa de un amigo y se me olvidó llevar gemelos, de ahí que la camisa no sobresalga muchas veces de la chaqueta al meterse para dentro.

    El Aristócrata

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    Cuando tras cada Gala de los Oscar uno ojea la lista de los actores mejores vestidos, es fácil llegar a la conclusión que todo tiempo pasado fue mejor. Bastan estos diez ejemplos para reflexionar sobre ello:

    1.Gary Cooper
    Amante de los tres piezas, su estilo personal se distinguía por unas enormes solapas y por acompañar el cuello de sus camisas de un alfiler. Destacaba por vestir como pocos el frac y por la confianza con la que con sus trajes se movía – algo a lo que contribuía la hechura generosa de los mismos. 

    2.Marcello Mastroianni
    La mejor definición de la sprezzatura italiana. Sus movimientos, su apariencia, su sonrisa y su manera de fumar le ganó innumerables imitadores. Entusiasta de los trajes a medida de Vittorio Zenobi y de los zapatos Lobb, su innato charming todavía no ha encontrado sustituto. Difícil de olvidar su traje negro en La Dolce Vita.

    3.Fredric March
    Conocedor de las ventajas estéticas de los trajes cruzados, los escogía lisos o con raya diplomática haciéndolos acompañar de camisas con largos picos y un mínimo nudo de corbata. No obstante, era vistiendo chaqué o frac cuando sacaba a relucir su icónico estilo. 

    4.Gregory Peck
    Uno de los grandes representantes del look Ivy League. Destacó tanto con traje como con ropa sport, de hecho vestía con la misma elegancia camisas remangadas y chaquetas de Tweed que fedoras y trajes de tres piezas.  

    5.David Niven
    Su cuidado peinado e inmaculado afeitado le valieron ganarse toda una legión de seguidores. Fue enorme la variedad de prendas, todas ellas cortadas en Savile Row, colores y estampados que mostró tanto en la gran pantalla como en su vida privada. Pocos actores volverían a vestir el esmoquin con tanta naturalidad.   

    6.Cary Grant
    Galán entre galanes, hizo de su sonrisa y su elegancia atemporal su mejor tarjeta de visita. La simplicidad con que combinaba sus trajes grises con camisas blancas, unido a su destreza para vestirlos como si se tratara de una segunda piel justifica el que todavía hoy esté considerado como el non plus ultra de la elegancia clásica. 

    7.Fred Astaire
    Una muestra evidente de que no hay que tener un físico prefecto para poder presumir de elegancia. Seguidor del corte London Draper, nadie ha llegado a influir en la vestimenta de Estados Unidos como hizo Astaire. Zapatos spectator, jerséis de cuello vuelto, trajes cruzados, grises y azules, de exquisita franela o chaquetas Príncipe de Gales son solo algunas de las prendas que popularizó.

    8.Clark Gable
    “El rey” destacó por difundir el look safari y por vestir con increíble elegancia trajes de tres piezas, chaquetas cruzadas y pañuelos tipo ascot. Su aspecto de gentleman le animaban a huir del color y su preferencia por la cachemira y la seda hacían su conjunto fácilmente reconocible. La productora de sus películas llegó a recibir una demanda por prescindir su actor de la camisa interior, algo que tuvo un gran impacto en la bajada de ventas de esta prenda.

    9.Paul Newman
    Aunque su estilo fue evolucionando hacia una elegancia intemporal, en sus comienzos era una camiseta interior y un pantalón de vestir, todo ello acompañado de un cigarrillo y un vaso de bourbon, con lo que mejor transmitía su aspecto de rebelde. Si bien su elegancia con esmoquin era incuestionable, el verdadero estilo de Newman se aprecia cuando se enfundaba su camiseta pegada, sus pantalones con pinzas y su jersey de pico.

    10.Errol Flynn
    Sus chaquetas de sport con bolsillos tipo parche, sus gabardinas y sus trilby marcaron una época. Sin embargo, fue con su vestimenta informal - donde destacaban  camisetas interiores, jerséis, pañuelos en vez de corbata y chaquetas tipo aviador - la que le sirvió para pasar a la historia como el gran playboy de Hollywood. 

    PD Claramente podríamos unir a esta lista muchos otros y, aunque no ha sido fácil escoger solo a diez sí, creo que los que aparecen en esta lista tienen motivos sobrados para aparecer en ella.  

    El Aristócrata

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    ¿Nos hemos preguntado por qué ya no vestimos trajes cruzados?. ¿Será porque a pesar de ser el más estiloso lo seguimos relacionando la vestimenta clásica o pasada de moda?. 

    Pues bien, a todos aquellos que sigan pensando así decirles que el traje cruzado es hoy, más que nunca, la pieza más actual y moderna del ropero del hombre. Bastará echar un vistazo a esa feria de los horrores y las maravillas, la feria del Pitti Uomo, para observar como los mejor vestidos lo hacen con trajes y chaquetas cruzadas. Tengamos en cuenta las siguientes claves y no nos equivocaremos en su elección:
    1-Visita al sastre. La oferta de trajes cruzados de confección es muy escasa y difícilmente encontraremos el que nos gusta. De tener suerte, la probabilidad de que nos quede bien o nos convenzan, por ejemplo, su ancho de solapa, distribución de botones, altura de pico etc. serán escasas.

    2-El estampado. Precisamente de acudir al sastre podremos escoger entre infinidad de tejidos y estampados. Pocas cosas hay más elegantes, y versátiles, que un buen traje azul marino cruzado. El estampado diplomático resulta siempre favorecedor, sobre todo en las personas de contenida estatura o con algún kilo de más. Siempre podemos atrevernos con dibujos como el Príncipe de Gales o el cuadro ventana. 
    3-Conoce tu cuerpo. El traje cruzado queda particularmente elegante en las personas altas y atléticas. Sin embargo, también las personas bajas pueden disfrutar de él. Para ello, deberán jugar con el número de botones frontales y con la altura de los bolsillos e incluso de las solapas. El corte del traje cruzado y sus anchas solapas acentúan los hombros consiguiéndose una chaqueta cuya línea nos recuerda a la de una copa de Martini- ancha arriba y con una cintura muy marcada. Si tenemos unos kilos de más, este es también nuestro traje.

    4-Tipos de chaquetas. 6×2, 6×4, 4×2… donde el primer número hace referencia al número total de botones y el segundo a los que se pueden abotonar. Tengamos en cuenta que a mayor número de botones menor será la parte que se vea de la camisa. Debido a ello, los amantes de la corbata de lazo encuentran en esta chaqueta un buen aliado. De ser de estatura normal o alta, mejor el corte 6x2 o 6x4, y de ser más bajo 4x2 o incluso 2x1. Un botón extra interior impedirá que la chaqueta baile. 
    5-Las solapas. Solo pueden ser de pico. La única chaqueta cruzada que admite solapas redondeadas es la del esmoquin. En ambos lados aparecerá cosido un ojal. 

    6-Aberturas. Mejor dos a los lados. Además de por su aspecto estético, dichas aberturas se antojan necesarias para al sentarnos evitar que la chaqueta se vuelque o resulte incómodo permanecer con ella puesta. Nuevamente y precisamente porque se pensó para permanecer todo el tiempo de pie, la chaqueta cruzada del esmoquin no cuenta con dichas aberturas. 
    7-Siempre abotonada. Si bien, a excepción de los tres piezas, toda chaqueta debería permanecer siempre abotonada, en el caso de la cruzada es algo más que una obligación. Es cuestión de estética y elegancia. 

    8-El corte del pantalón. Fundamental que transmita imagen de equilibrio y proporción. Según sea la hechura de la chaqueta así debería ser la del pantalón. Es decir, si la chaqueta es holgada también debería serlo el pantalón y si es entallada asegurémonos que el pantalón sigue su mismo estilo. 
    9-Con pinzas. Aunque cada vez se estilan más los pantalones de traje sin pinzas, el traje cruzado resulta más formal que el de hilera sencilla y por tanto una o dos pinzas resultan aconsejables. 

    10-Con vuelta. A pesar de que los más puristas británicos no estarán de acuerdo, la vuelta aporta el estiloso broche final que reclama este conjunto. 

    El Aristócrata

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    Esta página nació hace años con el objetivo de mostrar aquellos productos que me parecían exquisitos y que aportaban claramente un valor añadido sobre los fabricados en masa por la industria del lujo. Por ello, aquí no se ha hablado de Rolex sino de Patek Philippe, no lo hemos hecho de Louis Vuitton pero sí de Goyard, tampoco de Hackett aunque sí de Jaime Gallo y no de BMW sino de Bentley.

    A pesar de que algunos lo hubieran preferido, esta página no ha sido un altavoz de solo los productos y artesanos españoles. Por aquí han pasado las más diferentes nacionalidades. Tampoco ha buscado dar a conocer el trabajo de solo los profesionales más contrastados. Por todo aquel cuyo trabajo ha conseguido algo exquisito y excepcional he intentado interesarme. Esto no quita que, como ya he dicho en alguna ocasión, el vivir en Madrid y contar con muy pocos momentos libreshayahecho que sean los artesanos aquí residentes los que más eco hayan tenido en esta página. 
    Y por supuesto, he tenido siempre gran interés en dar a conocer el trabajo de los más jóvenes. Al final van a ser ellos los que mañana nos vistan y nos calcen, además, de ser los que más necesitan de este tipo de medios para darse a conocer. Además son ellos y no los profesionales más consolidados, casi siempre, los que luchan y empujan para dar a conocer sus respectivos oficios. 
    Dicho esto, lo que nunca hemos hecho es traer a esta página a pseudo profesionales que bajo el título de “zapatero”, “camisero” o, como el caso que nos ocupa, “sastre” se limitan a tomar unas medidas o a probar un traje en el que su participación ha sido mínima. De hecho, si recopilan todos los artículos del apartado “bespoke” verán que todos los profesionales que allí aparecen son artesanos de “los de verdad”. Hayan sido zapatos, camisas, abrigos o trajes, hemos siempre intentado dejar claro la gran diferencia que hay entre los que ahí aparecen y los que hoy ofrecen un servicio a medida que es toda una falsedad. 
    Como es lógico a unos podrá gustar más el trabajo de Calvo de Mora que el de Reillo, o viceversa, pero ambos son sastres. Podrá habernos gustado más el trabajo de Vilalta que el de Vass, pero también ambos son zapateros. Se preferirán las camisas de Langa a las de Burgos, pero nadie puede negarles el título de grandes camiseros… La independencia de la que siempre ha gozado esta página nos lo ha permitido durante ya casi diez años. Y ojalá siga así muchos años más.
    No tengo nada en contra, todo lo contrario, de las tiendas que venden trajes RTW o MTM y lo dicen claramente. Sin embargo, sí lo tengo contra las pseudo sastrerías que engañan al cliente vendiéndoles trajes adaptados sobre patrones estándares y cosidos a máquina mientras los venden como si fueran de medida artesanal. ¡Eso es mentir!. 
    Lectores, no se engañen: si les venden un traje a medida por 1.200€ ese traje no es, de ninguna manera, bespoke. Hoy esto es, sencillamente, de todo punto imposible. No tiene porqué ser peor pero no es bespoke. 
    Luego tocaría entrar en la definición de sastre, punto este no menos problemático. Hay sastres, sobre todo los mayores italianos, que nunca admitirían llamar como tal a personas que no saben coser. En cambio, en Inglaterra sí lo admiten al haber muchas sastrerías donde los diferentes oficios están perfectamente separados y cada uno se limita a hacer su tarea, tareas todas ellas coordinadas por el maestro sastre; normalmente el cortador de la casa que no tiene porqué saber coser. 
    En España, también tenemos casos de grandes sastrerías donde la cabeza principal no sabe coser. Sin ir más lejos, Jaime Gallo no sabía coser y, sin embargo, su sastrería ha sido hasta el día de su desaparición la sastrería de referencia de España. Por sus filas han pasado muchos de los mejores sastres de los que hoy España puede presumir. Entonces, ¿cómo no llamar sastre a Jaime Gallo?. Pues de atenernos al sentido más purista del término sastre no podríamos. 
    Y siguiendo la línea editorial de esta página, esta semana me encantaría entreteneros con la elaboración de un traje artesanal de Agustín García Montero quien, independientemente de que su trabajo os guste más o menos, es sastre, y sastre de los de verdad. A Agustín muchos le conoceréis ya o por ser clientes suyos o por los múltiples artículos que sobre él y su trabajo ha escrito Salvador Godoy de www.sinabrochar.com, blog de todo punto obligatorio para los amantes del estilo y buen gusto. 
    Agustín nació hace 36 años en Madrid de madre peletera y de quien todo parece indicar ha heredado sus manos. Con escaso año y medio su madre fallece y la vida le lleva a él y a su hermana por un periplo de lugares donde conoce Madrid, Zaragoza, Huesca y Barcelona, ciudad esta última donde su padre trabajaba en Telefónica y de donde tiene sus mejores recuerdos. Sin embargo, fueron los años que vivió con sus abuelos, con los maternos unos meses después de morir su madre, y con los paternos hasta que se va con su padre a Barcelona, y más tarde, en Extremadura, también con los paternos. Sin lugar a duda unos años nada fáciles para un chico que se veía en medio de un mundo que no había podido escoger. 
    Después de 2 EGB es cuando se va por fin con su padre a Barcelona, ciudad y gente de la que guarda un grato recuerdo. No obstante, solo dos años después, en 4 EGB, tiene que marcharse a Guadalajara y de ahí a Leganés para terminar en Vallecas. Es aquí y con quince años donde decide que le gustaría ser biólogo marino. Sin embargo, y para bien de sus clientes actuales, conoce a su buen amigo Javi; un chico que es hijo de un oficial de la sastrería de Cecilio Serna. Javi, como Agustín le sigue llamando, llevaba los trajes una vez terminados a las casas de los clientes. 
    Javi, decide dejar el trabajo y ponerse a estudiar y mientras se lo comunicaba a Cecilio le presenta a Agustín como su mejor remplazo posible. Al parecer la pinta de Agustín, melenas por pelo y guitarra por manos, le causa cierta “sorpresa” a Cecilio. No obstante, tras marcharse Agustín, Cecilio pregunta al resto del personal de la sastrería por su opinión y estos se limitan a decir que no parece mal chico y que se merecía una oportunidad. Al día siguiente Agustín empieza a ir puerta por puerta entregando trajes. 
    En los tiempos muertos, Agustín se quedaba en el taller viendo como trabajaban. Eran tiempo donde absolutamente toda la prenda se hacía in-house. Allí conoció al maestro y al equipo del que ha aprendido todo. Aunque no todo fue un camino de rosas en la relación Agustín guarda un gran respeto y agradecimiento a Cecilio, sastre que en los años 50 aprendía el oficio de otro sastre conocido de la época, Arana, cuya sastrería estaba, como tantas y tantas, en la calle Mayor.  
    Arana fue muy popular por hacer los uniformes a Franco y los trajes a sus ministros. Jubilado Arana, Cecilio se queda con  la sastrería mientras Arana, ya como externo, supervisa su trabajo. Algo debió ocurrir cuando Cecilio decide dejar aquella sastrería y abrir su propio lugar en la Calle Miguel Ángel. Es curioso, pero tras escuchar la vida profesional de Agustín vemos muchas similitudes entre las de uno y otro. Cuenta la leyenda que tras la marcha de Cecilio, Arana llama a los clientes para decirles que él ya no estaba con Cecilio. 
    El taller de Cecilio, sastre que al parecer tampoco sabía coser, contaba con una gran mano de obra permitiéndose en los buenos momentos hacer todo tipo de trajes, abrigos, uniformes y las más variadas filigranas. El taller en aquella época era Rufino (oficial), Antonio (pantalonero y arreglos) e Isabel (pantalonera). He tenido la suerte de ver concretamente una de sus chaquetas en la persona de Mariano Langa y puedo dar fe de los más increíbles detalles. 
    La vida va pasando y Agustín compaginaba el reparto de los trajes por la mañana con el turno nocturno del bachillerato. Aquellas melenas fueron poco a poco domándose y Cecilio y su pantalonera Isabel le proponen aprender el oficio. Solo había pasado un año cuando Cecilio le manda y le costea un curso sobre tejidos en La Confianza. Concretamente en este curso se aprendía a saber qué líquidos hay que echar a un tejido para ir descartando materiales y saber cuál es la verdadera materia prima. Según sea la perdida degramaje se va sabiendo su composición exacta. Mientras hacía el curso empezaba a pasar hilos, picar entretelas etc. 
    Mientras aprendía las tareas más básicas, Rufino, oficial, le decía q se limitara a observarle y que aunque pudiera pensar que no entendía nada llegaría un momento donde todo le cuadraría y se despertaría un día con todo claro. Y eso fue precisamente lo que pasó. “Al principio haces las cosas mecánicas pero llega un momento q todo lo entiendes y parece q todo casa y entonces puedes empezar a hacer las cosas a tu manera”. Poco después la entonces pantalonera le propone un trato: ella le ayuda a hace las magas y Agustín, a ella, los pantalones. Este trato se mantuvo inalterado casi dos años. 
    Antes era bastante común cobrar por horas y no por prenda. Esto hacía que la picaresca española alargara las horas necesarias para hacer el pantalón. Rufino, quien cobraba por chaqueta terminada, no podía enseñarle pues el trabajo se le ralentizaba y es Antonio quien le enseña el trabajo de la chaqueta ya que tenía algo de conocimiento de cómo se hacía al estar yendo a aprender al taller de Olmedo. Agustín termina ocupando el puesto de Antonio años después de irse Rufino y un año antes de que Antonio se marchara.
    Ciertos encontronazos entre los miembros del taller hicieron que Miguel Ángel Framis, quien estuvo en la sastrería donde también estuvieron los zapatos John Lobb, ofreciera a Isabel, Victoria y Rufino ir con él. Agustín también tiene la oportunidad de seguir sus pasos pero considera que sería una injusticia hacerlo después de la confianza y la oportunidad que Cecilio le brindaba.
    El trabajo tiene que reorganizarse rápidamente y Antonio asciende de pantalonero a oficial. Para ello, Cecilio envía a Antonio a aprender al taller de Olmedo la confección de la chaqueta aunque el periodo de capacitación no fue lo suficientemente largo como la bajada del nivel de las prendas puso de manifestó. 
    Mientras tanto Agustín hace plancha, machaca prendas (aplastamiento bajos, cantos, cierre de sisas etc), mangas, hilvanaba delanteros, cosía bolsillos y seguía realizando los pantalones. Comenta Agustín que sus pantalones eran tan buenos que antes de irse Rufino se los hacían entre otros a Yusti y Jaime Gallo. Recordemos que externalizar es algo últimamente demasiado frecuente. Por ejemplo, Rafael Caballero, sastre de Carabanchel, hace los trajes el 70% de los trajes que se externalizan. En esta nueva etapa del taller Cecilio le enseña a cortar y le costea mientras le está costeando, junto a los otros dos cursos, también el de corte y costura de La Confianza. Recuerda de aquel corte de Cecilio lo intuitivo y sencillo que era comparado con el de La Confianza. 
    Entra una oficiala nueva, Mari Carmen quien le enseña a hacer los cantos, los vivos, el hilvanado de mangas. Al parecer la idea de Cecilio era que su hijo Jorge y Agustín se quedaran con la sastrería cuando él se jubilara. Pero el destino y el querer desarrollarse y dedicarse al 100% a su profesión de psicoterapeuta cambio aquel destino. Jorge decide separar su futuro profesional del de su padre. Cecilio envía a Agustín con Olmedo para aprender cómo se hacía en condiciones una chaqueta. Al poco tiempo Antonio se  marcha con Cornejo y se centra en la ropa de cine. Por su lado, Agustín se queda con 29 años llevando el taller obligado a trabajar en dos mesas al mismo tiempo. Para mantener esta nueva estructura de manera eficiente Agustín deja de atender a los clientes si Cecilio estaba en la sastrería. Sin embargo, cuando él se queda con la sastrería el sistema deja de funcionar, parándose el taller, al tener que añadir a su trabajo en taller el atender al cliente. 
    Cecilio se jubila y acuerdan que siga pasando por la sastrería dos horas al día. Aquellas dos horas iniciales terminan convirtiéndose en jornada completa y el desgaste propio de la convivencia y el cambio de roles empieza a enturbiar la relación. Pelota para delante deciden abandonar la vieja sastrería de Miguel Ángel y establecerse en la actual de General de Pardiñas. Los clientes siguen viendo a Cecilio como el máximo responsable de la sastrería aún cuando es Agustín quien desde hace tiempo es el máximo responsable. 
    Agustín si bien deja el nombre de “Serna” como el nombre de la sastrería introduce detalles como cambios en la etiqueta donde ya aparece su nombre. Las diferencias se agudizan al intentar Agustín dar al cliente el traje que este quería y no el que Cecilio pensaba había que hacerle. Además, La hechura de Cecilio era muy diferente a la que él quería hacer. No estaba del todo cómodo con la entretela de pegar que se utilizaba para tapar ciertas imperfecciones ni con el grueso plastrón. De hecho este último lo cambia por uno más es más blando y el forro por uno más fino. Ahora ya no se usa boatina alguna sino un melton en color beis, los delanteros se hacen a mano para que sean más blandos llegando a prescindir de él si el cliente lo quiere todavía más blando.

    Otra diferencia entre su forma de trabajar y la de Cecilio es que este hacía una pinza para dar bastante pecho y Agustín solo lo hace si el cliente está gordo o tiene mucho pecho. “Ahora los bolsillos interiores se cuidan mucho, no ponemos la entretela que Cecilio ponía para dar cuerpo a la bocamanga. Yo prefiero lino forte que es una entretela de lino mucho más estética”  
    La ley antitabaco les termina de enfrentar y terminan de separar sus vidas. Es entonces cuando Agustín se enfrenta al gran reto de su vida: sacar adelante una sastrería sin prácticamente clientes propios y siendo desconocido para el gran público. Cabe recordar que antes de la crisis se hacían en la sastrería unos 500 trajes. El primer año de la crisis baja a solo  200, un año después a 120 y el primer año de Agustín, ya sin Cecilio, solo 75 trajes. Hoy, en cambio,  el número espera esté entre 210 y 220. Sigue trabajando los uniformes y hace cosas tan especiales como el forro diseñado por Lucía que aquí os mostramos, una edición limitada de tres piezas (no es perdáis el video de la semana donde sale el proceso del mismo).
    Nos cuenta, por ejemplo, que de los 45 trajes que llevaba tenía en marcha en Abril, solo 7 eran de clientes de Cecilio. Y esto nos cuenta ha sido gracias, además de haber perfeccionado mucho la técnica, a haber llegado a la gente joven; concretamente el 90% de sus clientes son gente joven.  Jóvenes a los que a través del uso de las redes sociales y de sus múltiples apariciones en blog ha conseguido fidelizar y a los que les cobra el más que competitivo precio por traje de 1.900€ IVA incluido. 
    Y es precisamente en el uso de las redes sociales donde su actual pareja Lucia ha jugado un papel clave. Ella fue quien demostró a Agustín la importancia de profesionalizar el oficio dando hora a todos los clientes para así poder avanzar el trabajo del taller. Lucía fue también una chica a la que el campo del diseño llamó a su puerta y terminada la escuela de diseño se empeñó en entrar en un mundo de hombres. 
    Tras ser rechazada en todas las sastrerías a las que llamó, Agustín le abrió su puerta para nunca volverla a cerrar. Ahora echa la vista atrás y recuerda una frase que le dijo un conocido sastre y que la ha animado a nunca rendirse. “Tú chica mejor vete al Corte Inglés a vender perfumes”. Lucia empieza a ir a la sastrería los sábados y domingos y empieza a pasar hilos. Ya en 2014, Lucia empieza a trabajar a tiempo completo ayudando a Agustín también con las redes sociales y Cecilio empieza a enseñarla  a cortar, aunque no siempre el tiempo necesario. 
    En sus primeros meses ya totalmente independizado Agustín empieza a cambiar la manera de trabajar de la sastrería, concretamente se empieza a prestar una gran atención a los acabados por dentro y a los materiales utilizados. Se usan, por ejemplo, seda en los ojales, algo antes impensable. Ahora ya es solo él quien toma medidas y el nuevo equipo en el taller trabaja ilusionado por un futuro que empieza a resultar esperanzador. Las apariciones en la red se multiplican y las citas empiezan a solaparse. Viajes al Pitti, relaciones con sastres y multiplicadores de mensajes internacionales, visitas a su taller de blogueros internacionales, incremento de seguidores en Instagram, Twiter y Facebook. Una auténtica campaña de marketing liderada por Lucia que convierten a la nueva sastrería Serna en ya un gran conocido para todos. 
    Hoy el taller lo forman además de una chica en prácticas, Lucia, aprendiz y diseñadora, Charo, antigua oficiala de  Olmedo y Daniela, oficiala de Jesús López quien a su vez estuvo con Cecilio compartiendo sastrería durante unos años. Para dar a basto externalizan pantalones y chalecos. Nos comenta Agustín que a pesar de conservar un tipo de corte más clásico para los clientes de la época de Cecilio este no ha parado de evolucionar hacia algo mucho más actual. “Los clientes jóvenes están muy influenciados por los blogs y te piden cosas que ven en ellos. Dicho esto, la mayoría sigue pidiendo tejidos y colores muy similares”.
    Agustín apunta que Serna hoy por hoy es la única sastrería que hace las tebas 100% a mano. “Sin pinza de pecho ni pespunte a máquina y con el forrado a mano”. “En las conocidas tebas de una camisería de Barcelona pone en la etiqueta que están hechas a mano y te aseguro que están hechas a máquina”. 
    Como siempre hacemos en este tipo de artículos le preguntamos por su estilo. “El estilo de nuestra chaqueta podría ser, si hablamos de la estructura, un intermedio entre el británico y el italiano. Me gusta sentir las entretelas en el pecho, pero que no sean unas armaduras, mas bien blandas. Como es el pecho de la chaqueta que te estamos haciendo. Que lleva la entretela, una placa de plastrón, relativamente ligero (hay distintas durezas de plastrones), y una pequeña capa de boatina, para que acolche un poco la zona. Esto es lo que me gusta a mi, pero si el cliente lo quiere de otra manera nos adaptamos a el que es el que manda. Con respecto a la forma de la chaqueta, me gusta mas bien entallada, pero no en exceso, digamos que no me gusta un entalle tipo Hackett. Y preferiblemente con basé".
    "Que el pecho de la chaqueta esté pegado al pecho del cliente. Ya sabes que aquí en España hay dos clases, la de la chaqueta pegada al cuerpo, y la del pecho saliente. Yo apuesto por la primera. Esta forma da menos juego a la hora de entallar la chaqueta por efecto óptico, pero es lo con lo que hay que jugar. Las mangas me gustan llenas, con volumen, que en la parte delantera de la sisa, se vea un giro natural de la manga. Antes hacíamos las mangas mas bien anchas, pero poco a poco, y de forma ligera las he ido estrechando. Digamos que dependiendo del tejido, para conseguir el volumen dejo entre 9 y 10 cm de flojo. Para conseguir esto".
    "La corona de la manga me gusta con un chorizo redondeado. Se que esto es una cosa antigua, pero me gusta ese toque clásico que le da a la chaqueta. De hombrera, so uso hombreras gruesas, considero que es una cosa que se suele utilizar para solventar un problema de descargue de hombro. Prefiero ajustar bien el hombro y utilizar una hombrera que de las seis o siete capas que lleva, quito 4 ó 5, para dejarla muy fina. y de la anchura que tienen de fábrica, que serán 14 cm, yo las recorto a unos 7cm, para que solo sea una pequeña película".
    "Las caídas, me gustan abiertas, y que la curva de la solapa sea una continuación de la caída. De tal forma que si abres la solapa, y la pones en la mesa, se vea como si fuera parte de un círculo o algo así. El cran que hacemos es el clásico cran español, con un ángulo de unos 100º mas o menos, pero me  gusta que la parte del cuello sea ligeramente mas pequeña que la parte de la solapa, esto hace un efecto de alargar la figura, al igual que hacer un cran mas bien alto".
    "El otro día me preguntaste, que cual es el mejor sastre español para mi, y creo que te di nombre y no concreté. Te hablé de Reillo, Calvo,..., Hace unos días estuvimos en Santa Eulalia, y he de decir que no había visto nunca su trabajo en mis manos. Pues bien si tengo que decir tres, sería Pepe Alonso, no hay nada que decir, su nombre basta. Marc Munill (Santa Eulalia), quizás la mejor sastrería casi sin ninguna duda de todo el país. Pero si me tuviera que poner en manos de algún sastre, sería Joaquín. Yo soy de los que piensa que la afinidad y complicidad con un sastre es fundamental y aunque puede que ni el ni yo seamos los mejores, la experiencia sería la mejor sin duda”.
    Nos sigue comentando que su gran decepción ha sido la sastrería inglesa. “Sin embargo me encanta Edward Sexton, sus chaquetas son alucinantes pero tan armadas q no traspasarías un cuchillo. La italiana es mucho diseño y estética y un increíble marketing. Pero de calidad nada que envidiarles”. “Eduardo De Simone consigue una espalda muy profunda. En Nápoles meten un corte en la pinza de pecho, y lo va vaciando. Aquí solo se hace en las personas gordas para recoger un poco y que no se dispare el delantero. En Milán, sin embargo, no lo hacen. Al final es difícil de hablar de una sastrería italiana”. 
    Respecto a la sastrería española piensa que si bien claramente no la mejor por el corte sí es la mejor en acabados.  “En España me gusta: Calvo, en ocasiones, Jaime Gallo el de hace 15 años (era una autentica pasada. Sus chaqués eran impresionaste, Cortaba igual el forro que el tejido, luego lo cortaba a la altura del talle, hacía el vaciado de la espalda y dejaba una parte del centro de la espalda como volando y estéticamente era increíble. Sus mangas eran también muy chulas. Reillo también me gusta mucho”.  “Aunque mi trio de ases es Alonso, Munill y Joaquín”. Vuelve sobre su concepto de sastrería apuntar nuevamente que este “está un punto intermedio entre la italiana y la inglesa. La línea del cran de Cecilio me encantaba. No tan pronunciada como los sastres mayores. A mí me gustan los hombros con hombrera aunque la desarmo y las acorto”.  
    Y para terminar el artículo y la entrevista le preguntamos por sus sastres extranjeros no dudando en concluir con un “yo quiero ser Cifonelli”. “Sinceramente no sé lo que me gusta de él, pero ves sus chaquetas y son únicas. Tienen ese algo imposible de describir. Para mi es el número uno indiscutible. Sus acabados son los mejores que he visto en mi vida. Lo único q no me gusta de él es la caída recta y la mínima abertura al final de la chaqueta”.

    El Aristócrata

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  • 06/10/17--00:06: ¿ES EL FIN DE LA CORBATA?
  • Seguro que todos nos hemos fijado, más si cabe en estas fechas, como la corbata empieza a cobrar un papel secundario en la vestimenta del hombre; incluida en la la empresa. Esta moda que empezó a extenderse a Europa con el auge de las .com, está hoy consolidándose en los sectores más variados. 

    Hasta no hace tanto tiempo el único momento donde en el mundo profesional se prescindía de la corbata era durante los conocidos como “Casual Fridays”. Hoy, sin embargo, la vestimenta informal de los viernes empieza a extenderse al resto de la semana, reservándose la corbata para las reuniones más formales. 
    Si bien tenemos mucho que aprender de Estados Unidos, poco tenemos que hacerlo de su manera de vestir. Evolucionar es incorporar lo mejor de cada cultura pero manteniéndonos fieles a lo mejor de la nuestra. Carece de sentido renunciar a nuestras tradiciones para adquirir costumbres que en nada mejoran lo que conocemos. Y en cuestión de vestimenta, con todos los respetos, España no tiene nada que envidiar a la gran potencia americana. 

    Quizás sea la falta de orgullo, de amor propio o un sentimiento de inferioridad, la realidad es que hemos empezado a imitar algo que nunca ha formado parte ni de nuestra historia ni de nuestra cultura. Indudablemente una camiseta, unos vaqueros y unas zapatillas de deporte será más cómodo que un traje, una corbata y unos zapatos de cordones.
    Pero, nadie debiera convencernos de que es lo adecuado, ni siquiera aquellos CEOs a los que hoy la sociedad admira y a los que esta todo les permite. No olvidemos que vestir traje y corbata es una muestra de educación y respeto hacia los demás. 

    Al contrario de lo que pueda pensarse, no hay nada más democrático e igualitario que el traje de chaqueta. De la misma forma que aquellos colegios que imponen un uniforme a sus alumnos se aseguran que, al menos en lo que vestimenta respecta, no habrá alumnos de primera y segunda, el traje sienta en la mesa de reuniones a profesionales cuya diferenciación no es su ropa sino solo el mensaje que comunica cada uno. 
    Aunque obviamente siempre habrá trajes mejores y peores, nunca la diferencia sería tan llamativa como de vestir todos los empleados, incluido cuerpo directivo, con ropa casual. De querer, o tener, que prescindir de corbata es importante también saber hacerlo. Por ejemplo, pocas cosas hay menos estéticas que vestir un traje sin corbata, es como ir a jugar al tenis y dejarte en casa la raqueta. 

    Un traje exige, además de una camisa de traje, una corbata. Si no, siempre más elegante, y estiloso, optar por un dos piezas donde la chaqueta y el pantalón sean de un color o estampado diferente. En estos casos sí se podrá prescindir de la corbata. 

    Antes de anunciar la muerte de la corbata, tengamos muy presente las enormes ventajas, también de comodidad, que esta aporta al día a día. No hay nada más cómodo, además de barato, que vestir con traje y corbata. Con solo cinco trajes de invierno y otros cinco de verano tendremos un excelente armario durante años. Bastará cambiar la camisa, la corbata y algún complemento para hacer difícil adivinar si el traje que se vistió incluso dos días seguidos era el mismo.

    Jugando con trajes de tonos grises y azules no tendremos que preocuparnos en que vestir cada día. Sin embargo, de terminar de instalarse la política “sin corbata”, el armario necesitará de una actualización constante.
    Y para terminar y no menos importante: ¿qué necesidad tenemos de calentarnos la cabeza todas las mañanas con lo que ponernos? Aunque solo sea para no complicarnos más la vida, seamos inteligentes y no apliquemos la guillotina a una prenda que ha facilitado la vida del hombre durante siglos. 

    El Aristócrata

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  • 06/17/17--03:08: FIESTA BIENVENIDA AL VERANO
  • Hola a todos,


    Alguno de vosotros me ha comentado alguna vez que le gustaría asistir a alguna de mis charlas. La mayoría de ellas son bastante restringidas y el patrocinador invita solo a sus mejores clientes, no pudiendo yo hacer extensiva dicha invitación. Con el objetivo de evitar esto, para mi próxima charla de este jueves 22 he pedido me faciliten 10 pases y así al menos diez de vosotr@s podáis venir.


    Este jueves 22 a las 20.30 se celebrará en el Edifico del Círculo Mercantil, antigua sede del Círculo de la Unión Mercantil e Industrial de Madrid, la “Fiesta del Esmoquin”, una gran fiesta con la que se inaugurará oficialmente el verano. El acto tendrá lugar en el Salón Real y antes de disfrutar del coctel y de música en directo daré unas palabras sobre este apasionante conjunto.
    El edificio que hoy alberga también un casino, se inauguró un 24 de abril de 1924 contando con una sala de esgrima y gimnasio en el sótano; zonas de tertulia, lectura y comedor en la planta de entresuelo; un gran salón, despachos y oficinas en la planta principal y una terraza con varios merenderos de verano. Además de lujosas viviendas de alquiler en las plantas superiores y exclusivos locales comerciales a pie de calle. Hoy la cadena de hoteles Marriot cuenta con setenta exclusivas habitaciones en la parte superior del edificio. Podéis encontrar más información en http://www.casinogranvia.es/granvia/historia-edificio/

    Los 10 pax (dos personas por pax) se darán a las primeras diez solicitudes que manden su nombre, apellido y DNI, así como el de su acompañante, a elaristocrata@elaristocrata.com. Por favor, antes de enviar el correo pensar si de verdad podéis asistir ya que es una lástima que os bloquee un sitio, lo canceléis y alguien verdaderamente interesado en asistir no pueda hacerlo.

    Hombres imprescindible esmoquin. Chicas vestido largo o traje de cóctel.

    Espero que os atraiga la idea y podamos brindar juntos por el apasionante verano que está a punto de comenzar.


    El Aristócrata

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  • 06/24/17--10:27: FELIZ VERANO A TODOS
  • Estimados amigos,

    Este año www.elaristocrata.com ha sido buen estudiante, ha aprobado todo y en el cole le han dado los meses de julio y agosto de vacaciones. Desgraciadamente para él, pero bien para nosotros, le han citado nuevamente el sábado 2 de septiembre, su primer día de clase.

    Espero entonces poder veros a todos y volver a disfrutar juntos de un apasionante año académico. Aprovecho para desearos que disfrutéis de este tiempo de asueto, de vuestros hobbies preferidos y sobre todo de aquellas personas que dan sentido a nuestras vidas pero a las que, por la locura del día a día, no les prestamos la atención que se merecen. Son ellas, y nada más que ellas, el verdadero motivo por el que levantarse, luchar y sufrir en un mundo a veces algo ingrato. 

    Sed felices y haced felices a los que os rodeen, sonreíd y despertad sonrisas, agradezcamos cada nuevo día y cada nuevo sol, demos gracias por estar aquí, disfrutemos de los placeres de la vida, veamos todo lo bueno que nos rodea y dejemos de fijarnos solo en lo malo. Descubramos que hasta el más miserable de los seres humanos tiene algo bueno en su corazón, que la vida dura demasiado poco como para perderla al lado de personas tóxicas, que el hecho de respirar es un regalo, que ver como la luna se esconde es un placer impagable, que toca vivir este día como si fuera el último y que no hay nada como no hacer nada. Por ello, es el momento de dedicarnos el tiempo a nosotros, de dejar hasta octubre todos compromisos – personales y profesionales -, de hacer solo aquello que nos apetezca, de alargar el día hasta que el cuerpo diga basta, de no mirar el reloj cuando salgamos a hacer deporte, de leer sin pensar que mañana toca madrugar y de hacer aquello que simplemente nos apetece hacer. 

    Estamos vivos. ¡No hay excusas para no ser felices!

    Feliz verano a todos.

    José María López-Galiacho González